Salimos de La Alberca, algo pasados por agua hay que decir, con la esperanza de mejora del tiempo en Salamanca ciudad a la que nos dirigíamos como broche final de la ruta. Habíamos dejado más tiempo para su visita pues parece más que claro que el inicial previsto era claramente insuficiente.
No obstante, un pequeño sonido de una alarma en el funcionamiento del carruaje empezó a mosquearnos a todos, pues el referido pitido, anunciaba que el capó delantero estaba abierto, cosa que no era así tras varias comprobaciones. Finalmente decidimos parar en un taller en el camino, con la fortuna de que uno de los mecánicos era experto o al menos aficionado a la mecánica de los Porsche.
| Vista desde el Parador |
Salamanca y Alba de Tormes.
Pues haciendo un poco "de tripas corazón", los otros tres miembros de la expedición, tras un no tan frugal bocadillo de jamón de la zona, nos lanzamos a la conquista o mejor dicho reconquista de la ciudad, pues todos ya la habíamos visitado anteriormente. El Parador está por decirlo de alguna manera al otro lado del Tormes en relación con el centro histórico. No es que esté lejos pero con la lluvia intermitente y un poco de frío que hacía, decidimos utilizar taxi para desplazarnos al referido centro histórico.
Nos dejó justo delante de la puerta del mercado de la ciudad y desde allí tomamos como primer destino a visitar la espectacular Plaza Mayor de la que prácticamente poco se puede decir que no se haya dicho. Bueno en mi caso particular sí, pues como ya comenté en otra entrada tuve alquilado durante "la mili" un duplex en la plaza donde pasaba las horas que el cuartel me dejaba libre. Matizo, el piso lo teníamos alquilado entre 20, y obviamente no coincidíamos nunca todos.
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| Colegios Menores |
Desde allí a la Plaza del Corrillo y por la rua Mayor a buscar la calle de Libreros que nos conducía directamente a la plaza donde está la famosa puerta de la Universidad de Salamanca de estilo barroco con su no menos famosa "rana". En la misma plaza la estatua de Fray Luis de León, profesor muy conocido por la famosa frase: "Decíamos ayer...", cuando regresó después de varios años en prisión por sus ideas y como consecuencia de la actuación de la Santa Inquisición.
También desde la misma plaza, conocida como Patio de las Escuelas, se tiene acceso a otro monumento espectacular, los Colegios Menores, donde se encuentra el famoso Cielo de Salamanca, donde se aprecian las constelaciones y estrellas visibles en el cielo de la ciudad. Por finalizar en la misma plaza se halla un palacio del siglo XV que alberga el Museo de Salamanca.
| La Universidad |
Aún nos dió tiempo de pasear por las calles de Toro y de Zamora, que dan acceso a la plaza Mayor desde la parte opuesta de la ciudad. Ya en el momento que tuvimos conciencia de que nuestro amigo había vuelto de su particular excursión a Valladolid (lo que hace este hombre para poder ver cuantas más cosas mejor en sus viajes) regresamos también con un taxi al Parador para encontrarnos con él, no sin antes haber tomado una paloma y una cervecita en el Mesón Cervantes.
Ya en Parador, que pese a ser un edificio moderno, conserva en su interior el estilo del grupo, pero sobre todo en su amabilidad y buen servicio, nos reencontramos con nuestro amigo y fuimos a cenar, quizá demasiado temprano pues el comedor no había abierto todavía. En la espera coincidimos con una pareja con la que veníamos haciendo la ruta desde Zafra, aunque no habíamos cruzado palabra con ellos en todo el recorrido.
| Plaza Mayor |
Cenamos, como en toda la ruta, bueno y abundante y nos retiramos a nuestros aposentos cada uno para el día siguiente seguir con la visita de la ciudad. Como no estuvo Enrique en la tarde anterior, repetiríamos algunas cosas, pero desde la perspectiva de día y sin lluvia, que también tiene su gracia. Además pensábamos ir paseando y pasar por el puente romano que une las dos riberas del Tormes y que es digno de una visita, como casi todo en Salamanca.
Desayuno no frugal y en marcha hacia la zona centro, pasando como digo por el puente romano que ofrece magníficas vistas de la ciudad y de su entorno más próximo, como las vidrieras de Casa Lis, que alberga el museo Art-Deco, que estuvo bastante tiempo cerrado, pero por fortuna ahora ya operativo. También cerca del puente se encuentra la estatua homenaje al Lazarillo de Tormes, personaje pícaro donde los haya.
Por no repetir los lugares visitado digamos que paseamos por la rúa Mayor, visitamos la Universidad Pontificia y la famosa Casa de las Conchas, obra de finales del siglo XV, cuya fachada está decorada con más de 300 conchas de vieiras, distintivo de la Orden de Santiago.
| Torre-Castillo de los Alba |
Poco a poco se fue haciendo la hora de comer algo y decidimos regresar al Parador, pues la experiencia del día anterior había sido más que positiva, aunque a veces segundas partes nunca fueron buenas y aunque la comida estaba buena no tenía el nivel de la del día anterior. Más o menos todos aprovechamos el regreso paseando para hacer algunas compras, recuerdos, caprichos y también algo de productos ibéricos que tan buenos están por estas tierras.
Por la tarde habíamos tomado la decisión de ir a visitar Alba de Tormes, que se encuentra a escasos kilómetros de la capital, pudiendo comprobar entonces que la excursión a Valladolid había sido fructífera y el carruaje respondía a las mil maravillas, pero sin música "especial".
Como la ciudad es relativamente pequeña, apenas llega a los 5000 habitantes, decidimos aparcar en la zona de la entrada cerca de la plaza del Peregrino y desde allí hacer el recorrido a pie. Antes y ya desde el puente de acceso al núcleo urbano se puede apreciar el Castillo de los Duques de Alba, en el que queda en pie su torre y algunos restos del Palacio anexo.
| Puente sobre el Tormes |
Y aunque el pueblo tiene el nombre que tiene, creo que sería más adecuado llamarlo Teresa de Jesús de Tormes, pues casi todos los monumentos, iglesias, museos y conventos hacen referencia a la santa de Ávila, con permiso de algunas, aunque no tantas a San Juan de la Cruz.
La devoción a los santos es espectacular y no solo de los nativos, sino de gentes que vienen de todos los países del mundo a venerarlos. De hecho nos cruzamos con un grupo de orientales que estaban celebrando una visita y un rito en la iglesia de Santa Teresa. Hicimos especulaciones de si eran japoneses, coreanos, chinos, vietnamitas y hasta filipinos. Al final no recuerdo su origen pero sí que el que acertó el mismo fue Enrique. Ahí se ve que le ha servido visitar todo el mundo y que tiene buen ojo para las nacionalidades.
Visitamos la Iglesia una vez acabado el ritual y entre otras cosas pudimos ver lo que queríamos ver que entre otras cosas era el brazo incorrupto de la santa guardado en un relicario a tal efecto. Lo que yo no sabía es que también estaba su corazón igualmente en un relicario. Cuentan algunos que el brazo se lo llevaron a Franco en sus últimos días por ver si obraba algún tipo de milagro. Parece ser que no fue así y el dictador se apagó cuando sus cuidadores le dejaron.
