sábado, 25 de abril de 2026

Baztán, otra vez para unos, primera para otros

Aunque a veces parezca mentira ya han pasado casi diez años desde nuestra primera visita al Valle del Baztán y bien cierto es que el valle merece no una segunda revisión sino hasta una tercera y una cuarta. En cualquier caso las fechas quisieron que después de Semana Santa tuviésemos la presentación de un libro "La casa del muro", cuyo autor Paulino Mir Mora además de ser de Albalatillo es coetáneo mío y con el que hemos vivido aventuras de juventud. Así que buena excusa, entre el referido final y la presentación había tres días libres... y lo dicho al Baztán.

Decidimos salir temprano para poder hacer alguna parada higiénico-técnica, que este año vamos los cinco en el mismo coche y este ha disminuido de tamaño y estirar las piernas parece una necesidad evidente. Creo que o compramos un coche más grande o la próxima escapada será con dos carruajes. Desayunamos antes de lo previsto en un paraje frente a los mallos de Riglos. 

Donamaria
Excepcional el lugar y el bocadillo. Desde allí y salvando pequeños incidentes y ya metidos en pleno valle, con alguna carretera que yo recordaba algo mejor o igual es que justo por esa zona no había pasado el viaje anterior, llegamos a Gaztelu donde habíamos reservado para comer pues se encuentra a escasos cinco kilómetros de Donamaria, donde teníamos nuestro alojamiento. Allí hicimos el primer condumio del viaje y lo cierto es que casi no me acuerdo lo que era. Sí, que estaba bueno pero no para fuegos artificiales. El local a mi entender era un mesón típico entre abertzale y hippy con un cocinero catalán, de Berga concretamente. Qué podía salir mal...

Desde Gaztelu a Donamaría apenas nos separan diez minutos y conseguimos encontrar nuestro alojamiento sin ninguna dificultad y de la misma manera pudimos entrar con las llaves guardadas en un cajetín de seguridad que pudimos abrir con la contraseña que el propietario nos envió a través de un correo electrónico.

La casita, integra para el grupo era una maravilla, bien equipada, todo muy limpio, las instalaciones nuevas o renovadas y un patio para entrar el coche, y a parte de las habitaciones, cocina, comedor y sala de estar además de una terraza con una mesa inmensa y una barbacoa, que en otras circunstancias de más días de viaje hubiera dado opción a disfrutarla más.

Cambiando un poco el programa, después de instalarnos nos dirigimos a una de las escapadas previstas, los embalses de Leurtza, situados en Urrotz y construidos a principio del siglo XX con el fin de poder generar energía eléctrica para la zona. Actualmente forman un proyecto medioambiental y de conservación del entorno que se une al turístico que proporcionan sus impresionantes paisajes y también una especie de playa de baño en una de las laderas del embalse de abajo.

Recuerdo que en la anterior visita, apenas había agua en los mismos, en contraposición al momento actual en que están a rebosar. Se notan las lluvias pre-primaverales. 

Tras un breve paseo por el entorno de los embalses, intercambiando ideas acerca de la educación de adolescentes con un sufrido padre que también paseaba por allí con sus hijos en esa edad, que por resumir sería: "ha salvado más vidas una hostia a tiempo que la penicilina". Como digo tras ese breve paseo y fotos de rigor nos dirigimos hacia Elizondo con la intención de reponer fuerzas.

En realidad se trataba de hacer lo conocido como una "merienda-cena", de manera que después de ella ya nos retiraríamos a nuestro particular domicilio a descansar para el día siguiente iniciar otra aventurilla. Lo cierto es que desde la salida de nuestro pueblo a tempranas horas, el día se iba haciendo largo.

Embalses de Leurtza
Pues en Elizondo, tras una breve parada de intendencia en el Eroski, unico super abierto de la localidad, consistente en coca-cola y güisqui para la noche, paseamos por los lugares emblemáticos del pueblo. La plaza del ayuntamiento, el conocido puente sobre el río, popularizado por las novelas de la trilogía del Baztán, la presa sobre el mismo cauce, las calles del centro que están adornadas por fotografías antiguas de la riada, que años ha, asoló el pueblo. Parece mentira que aquel riachuelo pueda hacer semejante estropicio.

Finalmente, decidimos parar en la terraza del Casino en la misma plaza del ayuntamiento, bueno decisión forzada, era la única mesa disponible en toda la plaza. Hay que ver lo que sale la gente a la calle por estos lares. La cosa es que hay que ir a pedir dentro del bar y traerte tu mismo la bebida, luego la comida te la traen ellos. Fueron a pedir Pili y María Luisa y para su sorpresa lo que ellas consideraron un bocadillo era un pincho, con el que tuvieron bastante. Luego el plato combinado de José Ramón y mío tenía la friolera de cuatro trozos generosos de chistorra, buenísima además, y Marta cenó una hamburguesa de considerables dimensiones.

Bien alimentados fuimos a recoger el coche y ya desde allí y sin paradas a pesar de lo justa que iba la gasolina a Donamaría donde tras el correspondiente refresco (güisqui con cola) y comentario de las incidencias del día, cada uno a su habitación y hasta mañana.

El día amaneció espléndido con buena temperatura y aceptablemente soleado, un poco en contra de las previsiones algo agoreras que los meteorólogos habían estado dando en anteriores jornadas. Como parece que se va haciendo costumbre, al menos desde el viaje a Alcalá de Henares, Pili nos preparó un desayuno a medida, con salado, dulce, fruta y cafés e infusiones de varios tipos. Hay que decir que poco o mucho el resto también colabora en ese menester, aunque sea ella quien lo dirija.

Nuestro programa particular tenía dos eventos: El Señorío de Bertiz y el Kasino de Lesaka. Tras repostar gasolina, que recuerdo iba justa, en Santesteban (Doneztebe) pusimos rumbo al Señorío de Bertiz.

Elizondo
La primera noción que se tiene de este lugar es que en el siglo XIV, Don Pedro Bertiz fue nombrado Merino de la Montañas con amplia jurisdicción por el rey Carlos III el Noble. Con más o menos fortuna en los avatares de la historia los descendientes mantuvieron la propiedad de la zona hasta el siglo XIX, en que como es de esperar y suele pasar se lo vendieron a otra familia. Lo cierto es que todo el parque es una maravilla, bien cuidado, con magníficos senderos para pasear por todo él, de titularidad pública y sin costo para el bolsillo para visitarlo. Y un jardín botánico explotado privadamente para cuya visita hay que pagar (no mucho) y que sinceramente merece la pena. Nosotros nos decidimos por la segunda opción, la de caminar menos.

El jardín botánico es un espacio que dispone de varios edificios, los más significativos la Casa-Palacio del Señorío, cerrada por reformas en este preciso momento y una capilla modernista, con unas magníficas  vidrieras de la época. Además gran variedad de árboles y plantas de todo tipo muy agradable visitar por caminitos y puentes muy cuidados y sin ningún problema para acceder a ellos. Tengo que decir que en la anterior visita no me fijé mucho en este jardín pues el hecho de haber hecho previamente un sendero no me dejó mucho tiempo. Me sorprendió entre otras cosas una zona de bambús negros, que obviamente desconocía su existencia.

Pues una vez visto el jardín y como todavía la hora de comer estaba lejos, decidimos insertar en nuestro particular tour, la visita al pueblo de Amaiur. Se trata de un núcleo urbano muy pequeño edificado en torno a una única calle principal con casonas y edificios interesantes a ambos lados hasta que al final de ella y en un pequeño montículo se encuentra el castillo, bueno las ruinas del mismo. Fue un lugar que padeció un asedio importante por allá por el siglo XVI en que se resistió a ser incorporado al reino de Castilla, y mantenerse en el de Navarra. Obviamente el resultado fue penoso...

Una característica interesante de la localidad es el arco de entrada a la calle principal del pueblo, o sea a la única. Se trataba de una especie de "aduana" para poder acceder. Según historias así el municipio se defendió de la posible entrada de la peste, tanto de animales como de personas.

Desde allí ya nos dirigimos a Lesaka, a uno de los momentos que yo tenía especialmente señalados en la agenda del viaje, pues había reservado hacía días una mesa en el Kasino para degustar la archifamosa tortilla de patatas (hay que especificar en la reserva si vas a pedirla o no).

Llegamos con tiempo suficiente y aún nos dió la espera para recorrer alguna de las calles del centro, el riachuelo o arroyo que circula por medio del pueblo y tomar un vermú antes de la comida en el Jubilatuen Ostatua (Hogar del Jubilado). Desde allí ya nos dirigimos al Kasino con la intención de comer.

Señorío de Bertiz
Un poco decepcionado, porque no acerté demasiado con la reserva, pues a la mayoría del grupo, la tortilla le gusta pasada y allí está más bien al punto, o incluso crudita. Creo que la mayoría la probó por no hacerme "un feo". Yo sí la disfruté y comí como nunca. Luego los segundo platos también fueron algo complicados. Las judías rojas estofadas a mí me gustaron mucho pero no al resto. Por fin los chipirones rellenos (de tamaño vasco) en su tinta explicaron que estaban muy buenos. Bueno no siempre se puede acertar.

Después, ya por un camino que el GPS me mandó y yo obedecí pusimos rumbo a Donamaria y cierto que nos costó salir del pueblo, incluso hubo un momento en que pensamos que el camino se iba a acabar y nos íbamos a quedar allí atascados. Por suerte no fue así y regresamos correctamente al redil.

Después de un breve reposo y un paseo por "nuestro pueblo" en el que pudimos ver, desde fuera eso sí, el convento de las Carmelitas Descalzas, justo en frente de "nuestra casa". Desde allí nos dirigimos a la Iglesia de la Asunción, donde un perrillo chiquitín nos impidió acceder, aunque luego supimos que estaba cerrada y finalmente también pudimos ver la Casa Torre Jauregia, una torre de vigilancia de entrada y salida del pueblo durante los siglos XV y XVI, que tiene como especial característica, ser la base o primer piso de piedra y el segundo o parte alta de madera.

Luego, dada la imposibilidad de tomar nada sólido en el pueblo nos desplazamos de nuevo a Doneztebe con intención de merendar o cenar algo, por aquello de no tomarnos los güisquis en la casa como quien dice en ayunas. Antes de cenar intentamos comprar gaseosas de papel, que no encontramos. Que ocurrencia...

Tampoco aquí las opciones eran excesivas pues bastantes establecimientos estaban cerrados, pero finalmente y gracias a las indicaciones de una amable lugareña conseguimos encontrar el Restaurante Santamaría, donde tomar un ligero tentempié y una cervecita y volver a casa, donde nos esperaban los combinados de cada noche, sea en Donamaría o sea en Villanueva de Sijena.

Amaiur
Después de un merecido descanso y el desayuno de rigor, bien preparado como siempre, recogimos nuestros bártulos, cargamos el coche y ya en ruta con dirección a nuestro destino, decidimos lo interesante que sería visitar el monasterio de Leire, que algunos conocíamos y otros no. Dicho y hecho, una vez abandonado el valle por unas carreteras bien conservadas y cuidadas, tomamos la autovía con dirección a Jaca y posteriormente a Huesca que era el lugar que habíamos escogido para comer. Antes de ello, eso sí nos desviamos en el ramal que conducía al referido cenobio para proceder a su visita.

El monasterio de San Salvador de Leyre, que ese es su nombre completo es el centro neurálgico del nacimiento del reino de Navarra y según parece a mediados del siglo IX ya existía en aquel lugar una comunidad de hombres religiosos con una gran espiritualidad. Luego y por no entrar en excesivos detalles se fueron añadiendo monjes y se fueron construyendo las edificaciones, que componen el conjunto actual. Destaca la cripta y la basílica del mismo. Además hoy en día también existe una hospedería. Finalmente parece ser que los destinos del monasterio y del reino de Navarra fueron tan parejos que hay una época en que es difícil diferenciar uno de otro.

Desde allí ya embocamos rumbo a Huesca sin paradas adicionales y a la hora más o menos prevista llegamos al Restaurante Flor donde habíamos reservado para comer. Como siempre la comida excelente y dada buena cuenta de ella y ya con pocas faenas por hacer a Villanueva.

Fin de la aventura y hasta la próxima...

viernes, 19 de diciembre de 2025

Ruta de la Plata. Parte Cuarta

Salimos de La Alberca, algo pasados por agua hay que decir, con la esperanza de mejora del tiempo en Salamanca ciudad a la que nos dirigíamos como broche final de la ruta. Habíamos dejado más  tiempo para su visita pues parece más que claro que el inicial previsto era claramente insuficiente.

No obstante, un pequeño sonido de una alarma en el funcionamiento del carruaje empezó a mosquearnos a todos, pues el referido pitido, anunciaba que el capó delantero estaba abierto, cosa que no era así tras varias comprobaciones. Finalmente decidimos parar en un taller en el camino, con la fortuna de que uno de los mecánicos era experto o al menos aficionado a la mecánica de los Porsche.

Vista desde el Parador

Pero claro la tecnología que requería el asunto no estaba a su alcance, así que con ratos de mayor o menor intensidad del pitido llegamos a Salamanca, donde no había concesionario oficial de la marca, así que nuestro guía decidió lanzarse a Valladolid, el lugar más próximo con taller adecuado. Eso solucionó de forma momentánea nuestros problemas pero vaya paliza que se dió Enrique, sin comerlo ni beberlo. Y esto es literal marchó sin comer.

Salamanca y Alba de Tormes.

Pues haciendo un poco "de tripas corazón", los otros tres miembros de la expedición, tras un no tan frugal bocadillo de jamón de la zona, nos lanzamos a la conquista o mejor dicho reconquista de la ciudad, pues todos ya la habíamos visitado anteriormente. El Parador está por decirlo de alguna manera al otro lado del Tormes en relación con el centro histórico. No es que esté lejos pero con la lluvia intermitente y un poco de frío que hacía, decidimos utilizar taxi para desplazarnos al referido centro histórico.

Nos dejó justo delante de la puerta del mercado de la ciudad y desde allí tomamos como primer destino a visitar la espectacular Plaza Mayor de la que prácticamente poco se puede decir que no se haya dicho. Bueno en mi caso particular sí, pues como ya comenté en otra entrada tuve alquilado durante "la mili" un duplex en la plaza donde pasaba las horas que el cuartel me dejaba libre. Matizo, el piso lo teníamos alquilado entre 20, y obviamente no coincidíamos nunca todos.

Colegios Menores

Por decir algo de la misma diré que es el corazón de la ciudad, de estilo barroco y diseñada por los arquitectos Alberto y Nicolás Churriguera y en su seno alberga lugares emblemáticos como el café Novelty, conde se reunía la flor y nata de la intelectualidad de la ciudad, y otros comercios y restaurantes sin tanto glamour, que la mantienen viva a cualquier hora. Entre estos establecimientos no dejaré de nombrar el Mesón Cervantes donde descubrí hace ya más de cuarenta y pico años las "palomas", una tapa de ensaladilla de la que quedé prendado hasta la fecha. Fácil saber cómo es: Visitar Salamanca y pedirla en el referido local o buscar en google "paloma tapa Salamanca". Recomiendo lo primero.

Desde allí a la Plaza del Corrillo y por la rua Mayor a buscar la calle de Libreros que nos conducía directamente a la plaza donde está la famosa puerta de la Universidad de Salamanca de estilo barroco con su no menos famosa "rana". En la misma plaza la estatua de Fray Luis de León, profesor muy conocido por la famosa frase: "Decíamos ayer...", cuando regresó después de varios años en prisión por sus ideas y como consecuencia de la actuación de la Santa Inquisición.

También desde la misma plaza, conocida como Patio de las Escuelas, se tiene acceso a otro monumento espectacular, los Colegios Menores, donde se encuentra el famoso Cielo de Salamanca, donde se aprecian las constelaciones y estrellas visibles en el cielo de la ciudad. Por finalizar en la misma plaza se halla un palacio del siglo XV que alberga el Museo de Salamanca.

La Universidad

Desde allí nos dirigimos a la plaza de Anaya, donde además del palacio que da nombre a la misma podemos observar las dos catedrales de la ciudad, la nueva y la vieja, esta última de Santa María de la Sede de Salamanca y la otra de la Asunción de la Virgen. En esta plaza también convive un excelente bar restaurante que recuerdo de mi época en la ciudad: Las Caballerizas. Está instalado en el lugar donde guardaban los caballos los jóvenes nobles de los alrededores que acudían a las clases de la Universidad. Muchos ricos y nobles acudían a las clases a pesar de conocer el famoso dicho: "Quod natura non dat Salamantica non praestat"

Aún nos dió tiempo de pasear por las calles de Toro y de Zamora, que dan acceso a la plaza Mayor desde la parte opuesta de la ciudad. Ya en el momento que tuvimos conciencia de que nuestro amigo había vuelto de su particular excursión a Valladolid (lo que hace este hombre para poder ver cuantas más cosas mejor en sus viajes) regresamos también con un taxi al Parador para encontrarnos con él, no sin antes haber tomado una paloma y una cervecita en el Mesón Cervantes.

Ya en Parador, que pese a ser un edificio moderno, conserva en su interior el estilo del grupo, pero sobre todo en su amabilidad y buen servicio, nos reencontramos con nuestro amigo y fuimos a cenar, quizá demasiado temprano pues el comedor no había abierto todavía. En la espera coincidimos con una pareja con la que veníamos haciendo la ruta desde Zafra, aunque no habíamos cruzado palabra con ellos en todo el recorrido. 

Plaza Mayor

Aprovechamos la coyuntura para explicar un poco la incidencia del viaje con nuestro coche, y ellos nos explicaron alguna parecida con el suyo. No perdí la ocasión que me brindaba la situación para meter baza y decirles si no habían pensado en la posibilidad de recurrir a los japoneses.  Hasta la fecha y que dure en años de esos coches no he tenido el más mínimo problema. Solo por enredar un poco. Ellos tienen un Porsche y un Jaguar.

Cenamos, como en toda la ruta, bueno y abundante y nos retiramos a nuestros aposentos cada uno para el día siguiente seguir con la visita de la ciudad. Como no estuvo Enrique en la tarde anterior, repetiríamos algunas cosas, pero desde la perspectiva de día y sin lluvia, que también tiene su gracia. Además pensábamos ir paseando y pasar por el puente romano que une las dos riberas del Tormes y que es digno de una visita, como casi todo en Salamanca.

Desayuno no frugal y en marcha hacia la zona centro, pasando como digo por el puente romano que ofrece magníficas vistas de la ciudad y de su entorno más próximo, como las vidrieras de Casa Lis, que alberga el museo Art-Deco, que estuvo bastante tiempo cerrado, pero por fortuna ahora ya operativo. También cerca del puente se encuentra la estatua homenaje al Lazarillo de Tormes, personaje pícaro donde los haya.

Por no repetir los lugares visitado digamos que paseamos por la rúa Mayor, visitamos la Universidad Pontificia y la famosa Casa de las Conchas, obra de finales del siglo XV, cuya fachada está decorada con más de 300 conchas de vieiras, distintivo de la Orden de Santiago.

Torre-Castillo de los Alba

En el recorrido los monumentos se multiplican sin que me sea posible enumerar todo lo que vamos viendo, con gran belleza e historia a sus espaldas. Una anécdota curiosa son la presencia de estatuas relativamente recientes, como la que tiene Torrente Ballester en la cafetería Novelty u otra en medio de una calle peatonal D. Vicente del Bosque, entrenador de fútbol de la Selección con un magnífico palmarés. Por cierto en la cafetería nos tomamos un chocolate, que no pudo ser con churros porque se habían acabado.

Poco a poco se fue haciendo la hora de comer algo y decidimos regresar al Parador, pues la experiencia del día anterior había sido más que positiva, aunque a veces segundas partes nunca fueron buenas y aunque la comida estaba buena no tenía el nivel de la del día anterior. Más o menos todos aprovechamos el regreso paseando para hacer algunas compras, recuerdos, caprichos y también algo de productos ibéricos que tan buenos están por estas tierras.

Por la tarde habíamos tomado la decisión de ir a visitar Alba de Tormes, que se encuentra a escasos kilómetros de la capital, pudiendo comprobar entonces que la excursión a Valladolid había sido fructífera y el carruaje respondía a las mil maravillas, pero sin música "especial".

Como la ciudad es relativamente pequeña, apenas llega a los 5000 habitantes, decidimos aparcar en la zona de la entrada cerca de la plaza del Peregrino y desde allí hacer el recorrido a pie. Antes y ya desde el puente de acceso al núcleo urbano se puede apreciar el Castillo de los Duques de Alba, en el que queda en pie su torre y algunos restos del Palacio anexo.

Puente sobre el Tormes

Y aunque el pueblo tiene el nombre que tiene, creo que sería más adecuado llamarlo Teresa de Jesús de Tormes, pues casi todos los monumentos, iglesias, museos y conventos hacen referencia a la santa de Ávila, con permiso de algunas, aunque no tantas a San Juan de la Cruz.

La devoción a los santos es espectacular y no solo de los nativos, sino de gentes que vienen de todos los países del mundo a venerarlos. De hecho nos cruzamos con un grupo de orientales que estaban celebrando una visita y un rito en la iglesia de Santa Teresa. Hicimos especulaciones de si eran japoneses, coreanos, chinos, vietnamitas y hasta filipinos. Al final no recuerdo su origen pero sí que el que acertó el mismo fue Enrique. Ahí se ve que le ha servido visitar todo el mundo y que tiene buen ojo para las nacionalidades.

Visitamos la Iglesia una vez acabado el ritual y entre otras cosas pudimos ver lo que queríamos ver que entre otras cosas era el brazo incorrupto de la santa guardado en un relicario a tal efecto. Lo que yo no sabía es que también estaba su corazón igualmente en un relicario. Cuentan algunos que el brazo se lo llevaron a Franco en sus últimos días por ver si obraba algún tipo de milagro. Parece ser que no fue así y el dictador se apagó cuando sus cuidadores le dejaron.

Antes de esta visita pudimos visitar también un museo convento de los carmelitas, con austero claustro, más bien jardincillo y apreciar algunas de las actividades de la vida monástica, que a un servidor le recordaron demasiado la vida que en los primeros años llevó en un seminario conciliar, en la provincia de Huesca.
Así nos vió ChatGPT

Después de estas visitas ya decidimos volver a Salamanca de nuevo con el fin de tomar un tentempié antes de ir a descansar para el viaje que nos esperaba el día siguiente hasta nuestro lugar de origen.

Pero, claro, el afán de conocimiento de nuestros amigos nos llevó a un pueblecito del que no recuerdo su nombre en busca de unas ruinas romanas o algo parecido. Lo cierto es que no las encontramos. También hay que decir que el lugar estaba en la ruta de vuelta, que no hubo que desviarse de la misma para la exploración.

Ya en el Parador, empezamos un estéril debate de donde ir a hacer el tentempié dichoso con diversidad de criterios pero sin que llegase el agua al río. Al final ganó la opción de quedarse allí mismo y en la cafetería cada uno que tomase lo que mejor le viniese en gana y si era poco, ya lo compensaríamos con el desayuno del día siguiente.

Dicho y hecho, desayuno contundente y con las maletas ya preparadas a la ruta, en este caso distinta a la de venida a esta aventura, pasando por bodegas de Ribera del Duero, bosques de Soria y hasta los Monegros, donde en el restaurante del mismo nombre de Sariñena hicimos el último ágape de la ruta. Luego nuestros amigos nos dejaron en Villanueva de Sijena y ellos continuaron hasta Manresa. No se cansa nunca de conducir...

Por acabar, magnífico viaje, como todos con muchas risas y conociendo muchas cosas, comiendo como Dios manda cada día y algún debate que no hace más que mejorar la aventura. Desde estas líneas gracias a todos y todas por todo, hasta el punto que creo que sería necesario proseguir esta aventura hasta más al norte de este país, aparcando un poco el "cerdico"  e incorporando el "marisquito".

Como prueba de lo bien que nos lo hemos pasado, adjunto foto de grupo pasada por el tamiz del ChatGPT y en la que se nos ve felices y contentos los cuatro. Y si lo dice la IA: palabra de Dios. 

viernes, 12 de diciembre de 2025

Ruta de la Plata. Parte Tercera

Tras un breve trayecto en nuestro carruaje particular llegamos a nuestro destino, como ya anunciaba en la anterior entrada fuera de la ruta inicial: Cuacos de Yuste, donde se encuentra el magnífico Monasterio de Yuste, lugar de retiro de reyes, principalmente Carlos I o V, según guste a cada uno.

Monasterio de Yuste

Cuacos de Yuste
Como a lo largo de esta escapada llegamos al parking del Monasterio sin apenas aglomeración, con lo que deducimos que la visita sería relajada o al menos sin los agobios del exceso de personal de algunas atracciones turísticas.

El referido monasterio se halla integrado en el municipio de Cuacos de Yuste, una localidad que no llega a los mil habitantes y que es capital administrativa de la comarca de la Vera. Obviamente su principal notoriedad e impulso le vino dada a esta villa por ser en la que se retiró el rey Carlos V o I, tras abdicar en su hijo Felipe II en el año 1557. Por esta misma razón la villa mantiene relaciones de amistad y cooperación cultural con Gante, ciudad de nacimiento del monarca y con Aquisgrán, donde fue coronado como Sacro Emperador.

Lo cierto es que el palacio es espectacular, pero también bastante sobrio para lo que se llevaba en la época y consta de dos partes bien diferenciadas. El convento, que dispone a su vez de una iglesia ubicada en el centro con dos claustros, uno gótico y otro que es llamado el claustro nuevo. Y la vivienda del emperador, como he dicho bien sobria, pues quería hacer vida monástica. Tenía incluso desde sus aposentos una puertecita que le daba acceso directo al altar mayor para no tener que desplazarse demasiado. Mucho tiempo no la hizo servir pues en menos de dos años desde que llegó pasó a mejor vida, si es que esta existe para los reyes...

Monasterio de Yuste
Parece ser que desde la muerte del emperador y hasta el siglo XX, fue abandonado un poco a su suerte y entre incendios y guerras, así como el abandono de los monjes del convento, unas veces a la fuerza y otras por voluntad propia el monasterio quedó bastante deteriorado.

Lo cierto es que a mediados del siglo XX se inició una restauración del mismo tratando de seguir de forma fidedigna la estructura tanto de la iglesia como de la vivienda. Hoy forma un conjunto digno de ser visitado en el que se puede ver ambas dependencias y en la que destaca el balcón del claustro del emperador y el despacho del mismo, donde recibía algunas visitas. También una habitación con una silla diseñada especialmente para facilitar el bienestar de los enfermos de gota, dolencia que padeció el emperador y también su hijo Felipe II, que se hizo construir una parecida para trasladarse al monasterio de El Escorial, durante su reinado.

Lo dicho, que esto explicaba el invento de la puerta que daba a la iglesia, tener que desplazarse y movilizarse lo menos posible que la gota duele solo de pensar en ella (datos de experiencia propia). Acabada la visita volvimos a la ruta para llegar a buena hora (la de la comida) al Parador de Plasencia donde nos esperaban nuevas visitas y conocimientos.

Plasencia

Pues no fue especialmente fácil llegar a nuestro destino pues nuestro alojamiento se encuentra dentro de los límites de las murallas y después de diversas intentonas con navegadores entrando en bucle llegamos a la puerta de Parador, que es justo donde se acababa la calle. O sea que de allí no teníamos salida. Todo se arregló al hacer el check-in, que nos facilitaron una tarjeta para colocar en el coche por si aparecía la autoridad municipal con ganas de hacer caja.

La Casa de las dos torres
Con los trámites acabados Enrique y un servidor fuimos al parking a dejar a buen recaudo nuestro transporte. Lo que hasta entonces fue difícil, en relación al tráfico, se convirtió casi en imposible. Para bajar al aparcamiento teníamos que coger un ascensor. Hasta ahí normal, lo complicado vino cuando descubrimos el tamaño del mismo. Cabía el coche? Sí. Pero sobraba aproximadamente dos dedos por delante y dos dedos por cada lado. Vamos que había que recoger los espejos retrovisores. Pese a todo la pericia del conductor acabó con los problemas. Coche aparcado.

Pues empecemos por el principio para ir bien. El propio parador está instalado en lo que fue el convento de San Vicente de los Padres Dominicos, edificado en pleno siglo XV. Dispone de un magnífico refectorio y un claustro bajo bien conservado, aunque a la hora que lo vimos tampoco hacía muy buen tiempo como para aguantar mucho rato.

Como algunas otras ciudades dispone de dos catedrales, la nueva y la vieja, que a pesar de ser nueva está en constante restauración. En la misma plaza se encuentra la casa del Dean, buen domicilio tenía el colega, céntrico y precioso.

Otro de los monumentos interesante de la ciudad es la casa de las dos torres o Palacio de los Monroy, el más antiguo de la villa. Evidentemente Maite, tenías razón cuando decías que solo veías una, pues una vez documentado he descubierto que la otra fue derruida en pleno siglo XX, porque había quedado muy dañada en el siglo XVIII por el terremoto de Lisboa. La ignorancia me hizo pensar que las dos zonas más elevadas de la fachada eran las torres. Aclarado el entuerto.

Puerta de Trujillo
Desde la zona de la plaza de la catedral y por unas estrechas calles salimos extramuros por la puerta de Trujillo, un edificio en la misma muralla, que igual sirve de puerta de salida o entrada de la ciudad que de ermita católica. También es conocida como el Cañón de la Salud, pues parece que en alguna celebración se cayó el aceite de una de las lámparas y este aplicado a algunos enfermos consiguió curarlos, así que ya tenemos la leyenda y el nombre de la puerta.

Desde fuera del recinto las murallas que parten desde la referida puerta se ven espectaculares y suponen uno de los atractivos monumentales importantes. Ya con la luz justa nos dirigimos a la plaza Mayor y desde allí hasta un acueducto en las afueras o mejor dicho en la zona más nueva de la ciudad. A destacar en la parte alta de casa consistorial el conocido como abuelo Mayorga, un autómata que se considera símbolo de la ciudad, aunque no he conseguido saber el porqué.

Regresamos al hotel a descansar un momento previo a la cena, pero las chicas decidieron que pasaban así que Enrique y yo decidimos volver a la Plaza Mayor y allí en uno de los locales, previa espera a que la cocinera empezase su turno, nos tomamos unas tapas que hicieron de cena. Luego ya de vuelta al Parador y aquí tengo que hacer una corrección debido a la memoria de la edad. Fue en este claustro en el que se podía fumar y no en Trujillo como dije en la anterior entrada. Lo que allí escribí sirve para aquí.

La lluvia que venía amenazando durante el viaje se hizo por fin realidad en el camino hacia nuestro nuevo destino ya en la provincia de Salamanca, la comarca de la Las Batuecas y más concretamente La Alberca.

La Alberca

Calle Mayor
Pues lo dicho, con una lluvia más o menos intensa llegamos a la Alberca, donde después de aparcar, al salir del coche tomamos conciencia que lo del pronóstico del tiempo era poca broma. Un buen viento con agua empezó a hacer inútil cualquier uso de los paraguas porque acababas bien mojado, pero el turista es esforzado y sufridor y entre los refugios que ofrecían algunos balcones, algún momento que amainaba la lluvia y la inestimable colaboración de una tienda de zapatos en la que nos refugiamos, mientras alguna de las visitantes compraba zapatos, llegamos a la plaza mayor del pueblo, una auténtica joya, incluso con meteorología adversa.

La villa es anterior al imperio romano, como demuestra el castro sobre el que se asienta la parte más antigua de la población. La historia del núcleo urbano está ligada al descubrimiento de la aparición de la virgen en la Peña de Francia y en aquellos tiempos (siglo XV) parece ser que pasó a ser territorio castellano-leonés. También cuenta una leyenda que las mujeres de La Alberca consiguieron derrotar a un noble portugués al que arrebataron el pendón que hoy conservan todavía en el ayuntamiento.

Luego ya se convirtió en patrimonio de la casa de Alba y tras ser citada en sus escritos por Miguel de Cervantes y Lope de Vega alcanzó una gran notoriedad y leyenda. Ya en el siglo XIX y consecuencia de la nueva distribución provincial pasó a ser de Salamanca y hasta ahora.

La Alberca. Entrada pueblo
A parte de la belleza del conjunto de la plaza mayor, muy cerca de ella encontramos la iglesia parroquial adosada a una torre construida por los duques de Alba antes de la propia construcción del templo. En una de sus salidas hay un monumento dedicado al cerdo. Parece ser, y esto es solo una versión, que hay más, que durante todo el año un cerdo se pasea por el pueblo y es alimentado por los vecinos de manera que cuando le llega la hora al animalico ya adulto cuya alimentación ha sido costeada por todo el pueblo, se reparte entre algunos vecinos necesitados. Esta es la romántica, creo que hay otra más práctica y que dice que el marrano, llamado el cerdo de San Antón, se sortea entre los vecinos sin tener en cuenta posibles o carencias de a quien le toque y los beneficios obtenidos de tal rifa pasan a la Cofradía de San Antón de La Alberca.

Pues sin ninguna prisa, pero también sin pausa emprendimos el camino a la que sería la última etapa del recorrido, la ciudad de Salamanca a la que habíamos destinado dos días pues en uno nos pareció casi imposible acabarnosla. He de decir que me fui arrepentido de no haber comprado un jamón que tenía una pinta y un olorcillo insuperable y además era barato. Y de paso podía hacer competencia a los quesos.

Lo único de este último camino que estaba dispuesto a aguarnos la fiesta, y que no era justamente la lluvia, fue la música, elegida por no sabemos quien, que nos dio la lata en parte del viaje. Pero esa aventura la contaremos en la última entrada de esta aventura.

jueves, 11 de diciembre de 2025

La Ruta de la Plata. Parte Segunda

Siguiendo por "apacibles caminos" abandonamos Emerita Augusta y en un abrir y cerrar de ojos nos plantamos en el siguiente punto de parada de la ruta, todo y que dado el afán visitador del grupo, ya habíamos ganado bastante tiempo y nos permitió hacer esta visita no programada inicialmente.

Cáceres

Se trata de una ciudad, que dicho sea de paso tiene el término municipal más extenso de España, de casi 100.000 habitantes, de la que ya se tienen referencias de estar habitada desde la época neandertal aunque las referencias más documentadas son de la época romana y cuyo nombre originario se disputan un general y un cónsul, romanos los dos.

Entrada al casco antiguo

Una vez en la ciudad tras llegar por estrechas callejuelas a un céntrico parking nos pusimos en marcha para la visita de lo que el tiempo nos permitiera, pues otra de las ciudades del recorrido que no te acabas es ésta. Llegamos a la plaza mayor, espectacular como siempre, peatonal y con infinidad de establecimientos de restauración y de los otros y desde la cual por la escalinata central nos adentramos en el casco antiguo.

Pues lo dicho que una vez penetramos en el casco antiguo no se puede dejar de mirar a diestro y a siniestro y cada rincón y cada edificio es un monumento repleto de historia, por algo se trata de un conjunto patrimonio de la Unesco y también el tercer Conjunto Monumental de Europa después de Praga y Tallin.

Entre los monumentos destacan la concatedral de Santa María y la iglesia de San Francisco Javier con sus dos torres gemelas de color blanco. La iglesia de San Mateo y el Convento de San Pablo, edificado sobre una ermita. Las casas nobles y palacios son incontables en esta zona, destacando entre otros el Palacio Episcopal, vivienda de la autoridad eclesiástica de la ciudad en otros tiempos. También se pueden ver el Palacio de Toledo-Moctezuma, que lo mandaron construir un matrimonio en que había un descendiente de Isabel de Moctezuma, hija del caudillo azteca del mismo nombre.

Un rincón de la ciudad

Igualmente importantes son los arcos que rodean el casco antiguo destacando el de la Estrella, que es la principal entrada al mismo. También de interés el del Cristo y el de Santa Ana, así como la desaparecida puerta de Coria.

Las torres de defensa también se multiplican a lo largo de todo el recinto amurallado. La de Bujaco es el emblema de la ciudad y se encuentra en la plaza mayor y fue la que protegía el flanco noroeste del recinto. Otra, la de los Púlpitos también adosada a la muralla es altamente representativa de Cáceres. 

Destacar también el foro de los Balbos, un pequeño espacio cerca de la muralla y rodeado de edificios de gran interés arquitectónico y cultural.

Y no tendríamos que olvidar que en el mismo recinto medieval se encuentra una de las maravillas de la gastronomía de este país y probablemente del mundo. El restaurante Atrio, tres estrellas Michelin en la actualidad, perfectamente encajado en el espacio histórico y en cuyo entorno se acumula también un hotel ideal para disfrutar de la ciudad y de la gastronomía las gentes más sibaritas. Por cierto, no es nuestro caso.

Lo que sí es nuestro caso, es que queríamos comprar Torta del Casar, un magnífico queso cremoso para mojar y llevarlo para nuestro domicilio. En principio pensamos que luego al final de la ruta en Salamanca, podríamos comprarlo. Pero a alguna se le ocurrió ser prevenida y con los quesos que cargamos todo el viaje, de nevera de hotel a nevera de hotel hasta Terrassa. A decir verdad,  llegó bien...

Trujillo

Pues también en un plis-plas nos presentamos en la ciudad de Trujillo, siguiente parada del periplo. La romana Turgalium que llegó a ser paso obligado entre Emerita Augusta y Cesaraugusta es una población con casi nueve mil habitantes en la actualidad con un estupendo castillo que se divisa en el alto del núcleo ya desde varios kilómetros antes de llegar.

Castillo de Trujillo

Como ya es habitual tras el cambio inicial del recorrido al que insisto íbamos ganando tiempo, llegamos a la hora de la comida al Parador, que ocupa un convento del siglo XVI con dos claustros. Alguno comió cochinillo, aunque según comentó no estaba tan rico como el del día anterior. Otro aprovechó la noche que en uno de los claustros dejaban fumar para dar cuenta de un purito nicaragüense que le supo la mar de bien. Bueno no lo acabe entero porque en el claustro mucho calor no hacía...

La ciudad me trae recuerdos de la anterior visita en que un ataque de "gota" me tuvo sentado en una terraza de la plaza, debajo de un paraguas porque llovía todo y más. No pude visitar el castillo, así que sin perder tiempo después de comer iniciamos la subida la mismo, que dicho así parece importante, pero la verdad es que no es especialmente larga, si no te equivocas por hacer caso al google maps y das más vueltas que una peonza.

Como digo el castillo es una maravilla de origen árabe, construido entre los siglos IX y X y con posteriores remodelaciones en el siglo XV y algunos trabajos de restauración en el siglo XX. Tiene una capilla y algunos aljibes en su interior y es una gozada las vistas desde lo alto de sus murallas por las que se puede pasear con toda tranquilidad. Bien justificado el esfuerzo de subir.

Desde allí fuimos bajando por empinadas callejuelas, ahora más llevaderas, haciendo alguna parada como la casa natal de Pizarro, o la casa de sus padres, no me quedó muy claro. Funciona como casa-museo y se pueden ver algunos elemento, como utensilios, espadas, ropajes, etc.

Pizarro en la Plaza Mayor
Camino de la plaza mayor pasamos por la iglesia de Santa María la Mayor y pudimos ver en una placita próxima la estatua dedicada a Orellana, también conquistador y vaya usted a saber que más del nuevo mundo.

Llegamos a la plaza ya prácticamente de noche, lo que no hace más que acrecentar su belleza y magia con la iluminación que tiene, muy adecuada y lograda.

Allí se encuentra casi como centro de interés de la misma la estatua ecuestre dedicada al conquistador Francisco de Pizarro, seguramente el más ilustre de sus vecinos, aunque también a él, le rodea una historia poco edificante en las colonias descubiertas. También destaca en uno de los vértices de la plaza la iglesia de San Martín de Tours. Y en la misma plaza nos encontramos también con un grupo de moteros de Lleida que hacía una ruta, sino igual, parecida a la nuestra. Volvimos a coincidir con ellos en el desayuno de la mañana siguiente en el Parador.

La idea inicial era cenar en el Mesón de la Troya, donde el recuerdo del anterior viaje me había llevado, sobre todo por un magnífico cocinado de lomo de cerdo ibérico en una salsa espectacular. No pudimos comprobarlo, pues abrían muy tarde para nuestros intereses, así que cogimos otra alternativa al ágape. Desde allí nos retiramos a descansar que el día siguiente seguía prometiendo emociones y más actividad.

Monfragüe

Desfiladero de Monfragüe
Nada más desayunar, bien como cada día pusimos rumbo al parque Nacional de Monfragüe, hasta que por unas carreteras algo más tortuosas que hasta la fecha, llegamos al paraje conocido como el Salto del Gitano, lugar donde había posibilidad de aparcar para disfrutar de los paisaje.

Se trata de un espacio natural protegido, atravesado por dos ríos, el Tajo y el Tiétar, que fue declarado parque natural en 1979 y parque nacional en 2007.

Las vistas son espectaculares, no solo por la orografía del lugar sino también por la gran cantidad de buitres que habitan en la zona. Se ven como si fuesen auténticos vigías del lugar, parados en los riscos más altos de los montículos de piedra que bordean el curso del río Tajo, en este caso.

También son fauna corriente en el mismo parque, a parte de estos buitres negros, las águilas imperiales, las cigüeñas negras, buitres leonados, búho real y algún que otro alimoche. Entre los mamíferos, hay nutrias, gatos monteses, algún zorro, venados, jabalíes y conejos. También hay diversidad de peces, reptiles y anfibios como el sapo partero ibérico y el tritón ibérico. Menos mal que la mayoría de ellos están escondidos y difícilmente visibles, sino con lo que le gustan los animalicos a alguna del grupo echamos la mañana y parte de la tarde en el parque.

Buitres en Monfragüe
Sin que tuviese que ver nada con "los animalicos", también aquí volvimos a reencontrarnos con el grupo de moteros de Lleida, que nos explicaron la tecnología punta de la que disponen en las motos para evitar choques con la fauna que muy a menudo se cruza por las carreteras. Buena inversión porque a fin de cuentas la carrocería de esos vehículos son los propios conductores.

Como último dato del parque, decir que su nombre proviene de los romanos "mons fragorum", que significa monte denso. También como curiosidad aportada por la wikipedia hay una pequeña ermita dedicada a la Virgen de Monfragüe, donde se guarda una pequeña talla del siglo XVII-XVIII, traida desde Palestina por los Caballeros de la Orden de Santiago. Todos los años los pueblos pertenecientes al parque celebran una romería a la ermita que llaman "Monte Fragoso".

Desde aquí emprendemos viaje a la siguiente parada de la ruta, también fuera de programa, gracias al buen ritmo que llevamos de viaje y a la necesidad exploradora de nuestro guía...

jueves, 27 de noviembre de 2025

La Ruta de la Plata. Parte Primera

Y resulta que de plata, nada. Bueno o al menos muy poco. Que el nombre viene del árabe "balat", que viene a significar camino empedrado. Llevo toda la vida engañando al personal con la historia del tráfico de plata desde Sevilla hasta Gijón. Sin mala intención, eso sí, porque alguien me lo debió explicar a mí, que no me veo yo con semejante imaginación como para inventarlo. Es igual tampoco se lo he explicado a tanta gente como para que sea un problema.

En cualquier caso, con nuestros amigos Mayte y Enrique iniciamos este periplo partiendo de Villanueva de Sijena el domingo a primera hora con la intención de llegar a nuestro primer destino a la hora de cenar, previo paso por Oropesa (de Toledo) donde calculamos que tocaría comer.

Zafra

Tras reponer fuerzas en un bar/restaurante de carretera de la citada localidad toledana, que por cierto ese mismo día tenía una concentración de caminantes que nos impidió ir al restaurante que teníamos previsto, llegamos con tiempo suficiente a Zafra como para empezar la visita.

Plaza Corazón de María con el Parador
El primer edificio que pudimos ver fue el Palacio de los Duques de Feria, actualmente Parador de Turismo en el que íbamos a pernoctar. Obviamente hicimos el check-in y nos lanzamos a las calles hasta la hora de cenar.

Tocando la Plaza en que se encuentra y atravesando el Arco del Azebuche, que era la antigua entrada desde la villa al palacio ducal, llegamos a la calle Sevilla, peatonal, comercial y que acaba llevándote a la plaza Grande. Desde un pequeño callejón pasamos a la Plaza Chica. Tampoco hace falta mucha explicación acerca de ello, las dos son porticadas, las dos tienen su historia y explicar las diferencias podría resultar insultante para vosotras queridas paredes.

Seguimos callejeando y tras pasar por algunos arcos y callejuelas pintorescas fuimos a dar con el Convento de Santa Clara, en cuyo interior iban a hacer un concierto de música sacra al que solo acudimos después para poder ver la iglesia y hacer unas fotos de rigor. Volvimos sobre nuestros pasos y acertamos a llegar a la iglesia de la Candelaria, a la que también tuvimos que esperar puesto que estaba cerrada y solo abría más tarde para la celebración de un oficio religioso.

Plaza Grande
Alguien nos dijo que en la referida iglesia había un Zurbarán y con las prisas y que a veces estás pendiente de otras cosas, alguien supongo que asoció que el oficio religioso que se iba a realizar era una "funeral". El equívoco nos sirvió durante casi todo el viaje como anécdota con la que reirnos. Hasta que vinieron otras.

Después de esta visita y de fotografiar el Zurbarán, seguimos callejeando pasando por diversas zonas con caserones impresionantes, un espléndido arco conocido como el "de Cubo", alguna farmacia especial con un retablo cerámico espectacular para finalmente irnos recogiendo hasta nuestro hotel donde teníamos una cena exquisita y abundante, preámbulo de los muchos ágapes que disfrutaríamos a lo largo de la ruta de las mismas características, exquisitos y abundantes.

Bien alimentados nos dirigimos a nuestras habitaciones a descansar, con solo una visita pendiente para la mañana siguiente en la ciudad antes de partir con destino a la siguiente parada de nuestro particular recorrido. Se trataba del edificio que albergaba la Casa Consistorial de la villa.

Olivenza

Tras un recorrido por carreteras comarcales no especialmente largo, que en algunos momentos me recordó a mi tierra, Los Monegros, llegamos a Olivenza, ciudad con una historia que merece una breve referencia como mínimo.

Puerta de Alconchel
Se trata de una ciudad de unos 12.000 habitantes que en su día perteneció al entonces reino de Portugal a finales del siglo XIII, pero que posteriormente en un tratado del siglo XIX, después de la conocida como guerra de las naranjas pasó a ser española. Lo cierto es que pocos años después en un nuevo tratado se devolvió a Portugal, a lo que hasta la fecha España ha hecho caso omiso. Hoy no parece que eso suponga un problema diplomático entre los dos países, pero la ciudad rezuma cierto tono portugués e incluso las calles están doblemente rotuladas, en portugués y en castellano.

Para los ansiosos de conocimiento añadiré que la guerra de las naranjas debe su nombre a que Godoy cuando empezó el sitio a la ciudad le envió a modo de presente una cesta con naranjas a la reina María Luisa.

La ciudad, muy agradable de pasear y sobre todo muy bien cuidada, incluidas las zonas de callejuelas todas bien pintadas de blanco dispone de un buen abanico de monumentos y lugares que visitar.

Por no cansar con la descripción de todas ellas, dejo aquí la recomendación de pasarse por allí a cualquiera que por las circunstancias que sea pase cerca de la localidad. No se quedará defraudado. El primer punto de interés está en la Ciudadela Medieval y Alcázar a cuya zona se puede acceder por unas puertas con torreones de defensa como la que acompaño en este escrito (la de Alcochel).

Otra de las puertas de gran interés es la del Calvario, que da acceso a la ciudad y desde la que se pueden ver las magníficas fortificaciones abaluartadas y la huerta extramuros y además algún que otro nativo que a las horas de la mañana en que la vimos nosotros ya llevaba a tope la carga alcohólica. Espero que sea la excepción, no querría bajo ningún concepto que "el amigo" fuese símbolo de nada.

Plaza del Ayuntamiento
Entre las iglesias destacan la de Santa María del Castillo, que como por su nombre se puede adivinar se encuentra dentro de lo que serían las dependencias del propio castillo. Otra de ellas es la iglesia parroquial de la Magdalena que tiene como característica especial el estilo manuelino con que se construyó.

También de interés turístico está el convento de las Clarisas o de San Juan de Dios, que en aquel momento en que lo visitamos acogía unas jornadas, congreso o algo parecido en su claustro.

Además y también interesante arquitectónicamente hablando se puede ver la fachada de las Casas Consistoriales, con portadas del mismo estilo manuelino. En la misma plaza tomamos un reparador café en un local de la zona antes de emprender viaje a nuestro siguiente objetivo de la ruta con una mañana ganada al programa que habíamos previsto y que nos permitiría la visita de algún destino nuevo.

Mérida

Tras un apacible camino llegamos a Emérita Augusta, nombre romano de nuestra siguiente parada, en honor al fundador de la misma el emperador Octavio Augusto y que tenía como principal objetivo que allí pudiesen jubilarse (de ahí Emérita) los veteranos soldados de las legiones que habían servido bien al emperador, a parte de otros prohombres, políticos y gente bien del imperio romano.

Teatro romano
Llegamos temprano y tras hacer el ingreso en el Parador nos fuimos a dar un primer paseo por la ciudad, sin nada en concreto que visitar, por el placer de pasear en una ciudad que ya intuíamos e incluso sabíamos que no te la acabas fácilmente.

Después de este paseo retornamos al Parador a comer, como decía párrafos atrás de forma exquisita. Habíamos cambiado las cenas por comidas, lo que nos permitiría ir a cenar algo más frugal, pues el menú del parador no distinguía entre comida y cena. Por cierto que yo me comí un magnífico cochinillo al horno, en su punto de crujiente y de tierno. Luego ya sin reposo posible nos lanzamos a la visita más cultural de la ciudad que dió de sí bastante, incluso dejando cosas por ver. Otra vez será.

El primer elemento que pudimos visitar bajando desde nuestra "casa" en dirección al complejo Anfiteatro, Teatro y Museo Romano, fue el arco de Trajano, que daba entrada a la zona más alta de la ciudad.

Después fuimos al Teatro Romano, maravilla donde las haya y en activo como lugar de interpretación de todo tipo de textos hasta la actualidad y cuya creación fue promovida por el cónsul Marco Vipsanio Agripa e inaugurado hacia los años 16-15 a.C. Desde 1993 y merecidamente es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco como parte del conjunto arqueológico de Mérida (los años y los datos de wikipedia). Algún video me ha quedado de esta visita en dos "interfectas" bailando en el escenario del teatro.

Circo-hipódromo
Tocando se encuentra el anfiteatro, un espacio destinado al espectáculo de las luchas de gladiadores con el que se completaba la oferta cultural en la que por aquel entonces era la capital de la provincia de Lusitania, ni más ni menos que la mitad de lo que hoy es la península ibérica. Como curiosidad añadir que por el siglo IV fue abandonado en su uso y permaneció parcialmente enterrado hasta principios del siglo XX.

Desde allí, sin respiro posible porque el siguiente monumento que no era otro que el circo romano, cerraba al poco tiempo, y a la vez el sol iba cayendo, que con el cambio de hora, se hace de noche casi a la hora de merendar, al referido circo. Gran sorpresa nos produjo su visita a la que yo con una cierta molestia en el pie diríamos que entré por los pelos, y porque mis compis de aventura le comentaron al encargado tal circunstancia y este accedió a esperarme.

Todos quedamos impresionado de las medidas del circo, posiblemente uno de los más largos y anchos que los romanos construyeron (440 metros x 115 metros), solo superado por el circo Máximo de Roma. Enrique y Mayte que han visitado todos los del mundo quedaron también impresionados por las características del mismo. Y nosotros también, con lo que valió la pena el esfuerzo y el dolor para llegar hasta allí (me ha quedado un poco peliculero este final).

Luego ya sin prisas pero sin pausas nos dedicamos a recorrer los monumentos que no requerían entradas y que tampoco te puedes acabar. Hay que decir que en ese conjunto arqueológico nos quedó pendiente el museo romano, obra del arquitecto Moneo, que Pili estaba muy interesada, pero lo dicho todo no puede ser...

Templo de Diana
Vimos bien iluminado el Templo de Diana del que adjunto una fotografía, bajando de la basílica de Santa Eulalia, en la que tuvimos que esperar algo a que abriese para una celebración de culto (un funeral? que Zurbarán no había ninguno). Lo que sí pudimos ver en el exterior fue el "Hornito" que es una mini-capilla en el exterior de la basílica para que los peregrinos pudiesen rezar a cualquier hora sin dar guerra a la plantilla de la basílica.

Desde allí nos dirigimos a ver el puente romano de la ciudad, una maravilla, peatonal en la actualidad y por el que pudimos pasear un ratito también para poder observar el Puente de Calatrava iluminado.

Pasando por la plaza donde se encuentra la loba capitolina, momento en que se me pasó el dolor del pie (por eso lo de peliculero), que fue regalo de la ciudad de Roma a la de Mérida, llegamos a la plaza Mayor, donde en uno de sus vértices se encuentra la Concatedral de Santa María, sede de la archidiócesis de Badajoz-Mérida.

Ya se hizo tarde y quien más quien menos algo de apetito tenía, a pesar del cochinillo, así que nos pusimos a mirar por la plaza y alrededores un lugar para tomar algo. Yo tenía en mente un magnífico restaurante en la calle John Lennon, que en nuestro anterior viaje habíamos disfrutado en sobremanera y repetido en dos ocasiones, pero lamentablemente estaba desaparecido. Pinvierno se llamaba.

Afortunadamente el plato de jamón y alguna cosilla más de la cafetería del Parador colmaron nuestras necesidades, hasta la mañana siguiente para la que dejamos la visita del  Acueducto Romano de los Milagros que se encuentra en buen estado. Desde allí pusimos rumbo a nuestro nuevo destino y así damos por finalizada la primera parte de nuestra Ruta de la Plata, que seguiré llamando así aún sin el preciado metal.

martes, 25 de noviembre de 2025

Verano de 2025

No consigo empezar esta entrada, que se me va quedando rezagada en el tiempo, ya llevo dos de eventos posteriores a este verano. Quiero suponer que se debe a la pérdida de mi madre, que a los 91 años nos dejó, aunque en nuestro recuerdo vivirá siempre. Esta circunstancia hace que me esté costando mucho escribir de un verano, este de 2025, con el espíritu que reza el subtítulo de este blog, en su parte final "...y si puede ser con un poco de humor". De todas maneras, creo que mi madre agradecería o agradecerá desde allá donde esté que todos y todas sigamos con nuestras vidas en el mismo tono que lo hacíamos cuando estaba con nosotros y nosotras. Estaba orgullosa de tod@s y de cómo funcionamos, aunque nadie se libró en algún momento de alguna reprimenda o sugerencia. 

Roses

En fin, que conociéndola, creo que puedo encarar esta entrada con los mismos parámetros que las anteriores, tratando de no hacer referencia a los momentos difíciles y tristes que hubo a lo largo de todo el verano.  Tan solo citaré su presencia en la fiestas de Albalatillo, su pueblo, a las que creo que acudió para que todos pudiéramos disfrutarlas y despedirse de sus familiares y amigos que en realidad son todo el pueblo. Gracias por ello, madre.

Pues el verano empezó como casi todos los veranos, con la escapada de rigor a la playa, excusa para celebrar mi cumpleaños. Roses nos gusta y repetimos este año, que encontramos un hotel diferente al de los anteriores, más cerca del centro de la villa y con habitaciones adecuadas a nuestras necesidades. Con la broma ya somos diez, aunque dos sean bebés todavía.

El hotel estupendo, a pie de playa y con unos espectaculares desayunos de los que disfrutamos grandes y pequeños. Algo mediatizados por las edades de los chicos, pero nos dio tiempo y posibilidad de visitar un zoo-parque en Castellò d'Empuries, donde a parte de pasar calor pudimos ver animalicos diversos, entre la curiosidad y un poco de respeto (o miedo)  de Claudia y Roger ante la proximidad de los mismos. Al final lo pasaron bien y fuimos a comer a un bar-restaurante del pueblo en el que años ha, yo había visitado en una de las salidas de Grmanía.

Comiendo con Pili, Carmen y Antonio

Los baños, no muchos en la playa, las caminatas por la tarde por el paseo marítimo y también una escapada para hacer un arrocito en un local que alguien recomendó a no se quien del grupo en Empuriabrava. Y también la comida de celebración, como decía, de mi cumpleaños en un restaurante de Roses, donde iba a celebrar su junta o lo que sea el Rotary Club de la zona.

Como digo, pasados esos días de playa, preparamos las cosas para instalarnos en nuestra casa en el pueblo, en Villanueva, para posteriormente ir a las fiestas de Albalatillo. Lo cierto es que en esos días nos dió tiempo de ir con nuestros amigos Carmen y Antonio a Barcelona al Palau Martorell donde había una exposición monográfica de pinturas de Botero. Ciertamente muy interesantes. Después de la cultura como ya es habitual nos acercamos a comer al Antic Pitarra, la que fue casa del dramaturgo Frederic Soler convertida en restaurante, que toma el nombre del pseudónimo con que más popularmente se le conoce "Serafí Pitarra".

Las fiestas de Albalatillo discurrieron más o menos como cada año, con las actividades que son ya clásicas y que con buen criterio se siguen manteniendo porque ayudan a que los que están siempre allí y  los que vamos de vez en cuando podamos interactuar, explicandonos como vamos unos y otros y de paso recordar sin nostalgia y echar una risas que tan beneficiosas son para cuerpo y espíritu.

Villanueva. Izarbe y sus amig@s
Alguna novedad siempre hay, aunque no del todo porque en años anteriores ya se había hecho, así que asistimos al concurso de cortadores de jamón, una magnífica ocasión para merendar/cenar la mayor parte del pueblo en la plaza. Al jamón se añadieron los condumios elaborados con más o menos acierto pero siempre con el cariño y ganas de l@s que los preparan de que nos agraden a todos los comensales. Ciertamente año tras año lo van consiguiendo.

Y este año, prácticamente al final de la fiesta, la procesión y la misa en honor a Santa Margarita, patrona del pueblo. Ese mismo día celebra su santo mi hermana Margarita, así que nos reunimos para comer en casa de mi madre la mayoría de la familia con gran estrépito gracias a la colaboración de los más pequeñajos que ya son legión...

Pasadas las fiestas nos trasladamos a Villanueva, con el fin de instalarnos allí todo el verano junto a la familia de Izarbe, que este año disfrutan del correspondiente permiso de maternidad/paternidad por el nacimiento de Aritz. Ellos se instalan en el piso de abajo y nosotros en el de arriba, de manera que cada uno va a su aire, aunque muchas veces compartimos ágapes y casi siempre desayuno.

Las actividades festivas en el pueblo se inician con un festival de jotas en el que según la tradición de la localidad se aprovecha para merendar y de paso pedir autorización al alcalde para celebrar las fiestas de las próximas semanas, cosa que habitualmente suele conceder. De hecho yo no sé de ningún año que las haya denegado. Tampoco sé las consecuencias que podría tener esa hipotética negativa. Bueno, mejor así, las concedió y a prepararse.

Huesca. San Lorenzo
Nuestra peña, una de las más antiguas del pueblo también necesita prepararse a pesar de que en realidad, excepto el sábado y domingo somos más bien poca gente, pero entre unos días y otros solemos consumir de todo y bastante. Esta circunstancia nos llevó a comprar un jamoncillo, bebidas, cosas de picar y las provisiones necesarias para las comidas que elaboramos, unas para consumir en la peña, como el "salmorrejo" y otras para la cena de alforja, una actividad que ha hecho fortuna y que esperemos que se siga manteniendo en años sucesivos pues es muy agradable y divertida.

El resto de las fiesta participamos como bien podemos en las otras actividades, ni que sea como espectadores, que también son necesarios para que luzcan estos actos (procesiones, misas, recorrido de peñas y cabalgatas de fin de fiestas).

Algo que también viene siendo una tradición y que también esperamos que continúe, es la escapada a las fiestas de San Lorenzo en Huesca, en la capital y que este año celebramos en el restaurante Flor, en su nueva ubicación en el Casino de la ciudad. Lo cierto es que la cena estaba muy buena y a la vez abundante según los comensales. Yo puedo hablar por mí mismo y decir que el rabo de toro que me "zampé" estaba exquisito.

Luego un pequeño paseo por los Porches y el Coso, que de alguna manera sirvió para hacer la digestión de tan opípara cena y no sé si un poco antes que en años anteriores, nos retiramos a casa a descansar de tanto festejo, que no de ninguna ocupación: Todos jubilados ya. 

Loarre
Como cada año para esta fechas de la segunda quincena de agosto, suele disfrutar de vacaciones nuestra amiga Conchi y aprovecha para venir a visitarnos desde Vic, su destino habitual, y descansar de la ardua labor que la tiene ocupada todo el año cuidando de gente que tiene todo tipo de carencias y que todo trabajo para subsanarlas es poco.

Tampoco podía faltar en este verano, la escapada al Pirineo, tan clásica que no hacerla parece una falta a la tradición establecida hace ya muchos años.

De hecho este verano se retrasó bastante y prácticamente se puede decir que fue una salida al Prepirineo. También las tropas estaban bastante mermadas y solo cinco componentes de la peña nos apuntamos a la misma, pero nos llevamos con nosotros dos amigos más (Inés y Miquel) con el fin de hacer el grupo más grande y dar más sensación de jolgorio a la escapada.

Como digo, la primera parada del recorrido fue el Castillo de Loarre, un monumento nacional, joya del románico en un enclave privilegiado en las inmediaciones o entrada del macizo pirenaico y desde el que se puede ver prácticamente toda la comarca de La Hoya de Huesca. 

Está compuesto por cuatro elementos principales: la muralla, la torre Albarrana, el castillo propiamente dicho y la iglesia de San Pedro. Desde estas líneas recomiendo su visita, sea libre o guiada, o como hicimos nosotros mixta: empezamos libre, vimos un grupo con guía al que pedimos unirnos y acabamos con ellos. Es cierto que la honradez de la mayoría del grupo hizo que después de acabar pasáramos por caja a pagar la diferencia de tarifa.

Monasterio de Sijena
El conjunto en sí también ha sido escenario hollywoodense de diversas producciones, como la Crónica del Alba y El reino de los cielos, así como algunas series televisivas, como Los Castillos y El ministerio del tiempo. En fin una visita pluricultural y muy entretenida.

Desde allí fuimos a comer a Bolea, una interesante villa situada entre las sierras de Caballera y Gratal, de la que se tiene una primera referencia en el siglo IX y que además tiene en su casco y en la zona más alta del mismo la Colegiata de Santa María la Mayor, una obra del siglo XVI, gótica de transición al renacimiento y de marcado carácter aragonés.

Esta villa se ha caracterizado también por las cosechas de sus magníficas cerezas, que han alcanzado fama en el territorio y más y de las que elaboran algunas compotas y mermeladas que obviamente aprovechamos para comprar. También comimos en un restaurante que habíamos reservado previamente, bastante bien todo sea dicho. Luego carretera y manta y a Villanueva.

Nuestros amigos hacía tiempo que no se acercaban por el pueblo (más de treinta años, creo), así que aprovechamos también para visitar el Monasterio de Sijena para el que habíamos reservado entradas. Lo cierto es que las diferencias entre hace más de 30 años y ahora son muy evidentes y si las cosas van como deberían ir en unos pocos años podría ser mucho más interesante todavía.

Pues así acabó este verano, con muchos momentos difíciles y tristes como decía al inicio de la entrada pero con la esperanza de que Josefina, esté donde esté, nos seguirá cuidando y ayudando a todos a ser lo más felices posibles durante el camino, que al final es lo que importa.

Baztán, otra vez para unos, primera para otros

Aunque a veces parezca mentira ya han pasado casi diez años desde nuestra primera visita al Valle del Baztán y bien cierto es que el valle m...