Aunque a veces parezca mentira ya han pasado casi diez años desde nuestra primera visita al Valle del Baztán y bien cierto es que el valle merece no una segunda revisión sino hasta una tercera y una cuarta. En cualquier caso las fechas quisieron que después de Semana Santa tuviésemos la presentación de un libro "La casa del muro", cuyo autor Paulino Mir Mora además de ser de Albalatillo es coetáneo mío y con el que hemos vivido aventuras de juventud. Así que buena excusa, entre el referido final y la presentación había tres días libres... y lo dicho al Baztán.
Decidimos salir temprano para poder hacer alguna parada higiénico-técnica, que este año vamos los cinco en el mismo coche y este ha disminuido de tamaño y estirar las piernas parece una necesidad evidente. Creo que o compramos un coche más grande o la próxima escapada será con dos carruajes. Desayunamos antes de lo previsto en un paraje frente a los mallos de Riglos.
| Donamaria |
Desde Gaztelu a Donamaría apenas nos separan diez minutos y conseguimos encontrar nuestro alojamiento sin ninguna dificultad y de la misma manera pudimos entrar con las llaves guardadas en un cajetín de seguridad que pudimos abrir con la contraseña que el propietario nos envió a través de un correo electrónico.
La casita, integra para el grupo era una maravilla, bien equipada, todo muy limpio, las instalaciones nuevas o renovadas y un patio para entrar el coche, y a parte de las habitaciones, cocina, comedor y sala de estar además de una terraza con una mesa inmensa y una barbacoa, que en otras circunstancias de más días de viaje hubiera dado opción a disfrutarla más.
Cambiando un poco el programa, después de instalarnos nos dirigimos a una de las escapadas previstas, los embalses de Leurtza, situados en Urrotz y construidos a principio del siglo XX con el fin de poder generar energía eléctrica para la zona. Actualmente forman un proyecto medioambiental y de conservación del entorno que se une al turístico que proporcionan sus impresionantes paisajes y también una especie de playa de baño en una de las laderas del embalse de abajo.
Recuerdo que en la anterior visita, apenas había agua en los mismos, en contraposición al momento actual en que están a rebosar. Se notan las lluvias pre-primaverales.
Tras un breve paseo por el entorno de los embalses, intercambiando ideas acerca de la educación de adolescentes con un sufrido padre que también paseaba por allí con sus hijos en esa edad, que por resumir sería: "ha salvado más vidas una hostia a tiempo que la penicilina". Como digo tras ese breve paseo y fotos de rigor nos dirigimos hacia Elizondo con la intención de reponer fuerzas.
En realidad se trataba de hacer lo conocido como una "merienda-cena", de manera que después de ella ya nos retiraríamos a nuestro particular domicilio a descansar para el día siguiente iniciar otra aventurilla. Lo cierto es que desde la salida de nuestro pueblo a tempranas horas, el día se iba haciendo largo.
| Embalses de Leurtza |
Finalmente, decidimos parar en la terraza del Casino en la misma plaza del ayuntamiento, bueno decisión forzada, era la única mesa disponible en toda la plaza. Hay que ver lo que sale la gente a la calle por estos lares. La cosa es que hay que ir a pedir dentro del bar y traerte tu mismo la bebida, luego la comida te la traen ellos. Fueron a pedir Pili y María Luisa y para su sorpresa lo que ellas consideraron un bocadillo era un pincho, con el que tuvieron bastante. Luego el plato combinado de José Ramón y mío tenía la friolera de cuatro trozos generosos de chistorra, buenísima además, y Marta cenó una hamburguesa de considerables dimensiones.
Bien alimentados fuimos a recoger el coche y ya desde allí y sin paradas a pesar de lo justa que iba la gasolina a Donamaría donde tras el correspondiente refresco (güisqui con cola) y comentario de las incidencias del día, cada uno a su habitación y hasta mañana.
El día amaneció espléndido con buena temperatura y aceptablemente soleado, un poco en contra de las previsiones algo agoreras que los meteorólogos habían estado dando en anteriores jornadas. Como parece que se va haciendo costumbre, al menos desde el viaje a Alcalá de Henares, Pili nos preparó un desayuno a medida, con salado, dulce, fruta y cafés e infusiones de varios tipos. Hay que decir que poco o mucho el resto también colabora en ese menester, aunque sea ella quien lo dirija.
Nuestro programa particular tenía dos eventos: El Señorío de Bertiz y el Kasino de Lesaka. Tras repostar gasolina, que recuerdo iba justa, en Santesteban (Doneztebe) pusimos rumbo al Señorío de Bertiz.
| Elizondo |
El jardín botánico es un espacio que dispone de varios edificios, los más significativos la Casa-Palacio del Señorío, cerrada por reformas en este preciso momento y una capilla modernista, con unas magníficas vidrieras de la época. Además gran variedad de árboles y plantas de todo tipo muy agradable visitar por caminitos y puentes muy cuidados y sin ningún problema para acceder a ellos. Tengo que decir que en la anterior visita no me fijé mucho en este jardín pues el hecho de haber hecho previamente un sendero no me dejó mucho tiempo. Me sorprendió entre otras cosas una zona de bambús negros, que obviamente desconocía su existencia.
Pues una vez visto el jardín y como todavía la hora de comer estaba lejos, decidimos insertar en nuestro particular tour, la visita al pueblo de Amaiur. Se trata de un núcleo urbano muy pequeño edificado en torno a una única calle principal con casonas y edificios interesantes a ambos lados hasta que al final de ella y en un pequeño montículo se encuentra el castillo, bueno las ruinas del mismo. Fue un lugar que padeció un asedio importante por allá por el siglo XVI en que se resistió a ser incorporado al reino de Castilla, y mantenerse en el de Navarra. Obviamente el resultado fue penoso...
Una característica interesante de la localidad es el arco de entrada a la calle principal del pueblo, o sea a la única. Se trataba de una especie de "aduana" para poder acceder. Según historias así el municipio se defendió de la posible entrada de la peste, tanto de animales como de personas.
Desde allí ya nos dirigimos a Lesaka, a uno de los momentos que yo tenía especialmente señalados en la agenda del viaje, pues había reservado hacía días una mesa en el Kasino para degustar la archifamosa tortilla de patatas (hay que especificar en la reserva si vas a pedirla o no).
Llegamos con tiempo suficiente y aún nos dió la espera para recorrer alguna de las calles del centro, el riachuelo o arroyo que circula por medio del pueblo y tomar un vermú antes de la comida en el Jubilatuen Ostatua (Hogar del Jubilado). Desde allí ya nos dirigimos al Kasino con la intención de comer.
| Señorío de Bertiz |
Después, ya por un camino que el GPS me mandó y yo obedecí pusimos rumbo a Donamaria y cierto que nos costó salir del pueblo, incluso hubo un momento en que pensamos que el camino se iba a acabar y nos íbamos a quedar allí atascados. Por suerte no fue así y regresamos correctamente al redil.
Después de un breve reposo y un paseo por "nuestro pueblo" en el que pudimos ver, desde fuera eso sí, el convento de las Carmelitas Descalzas, justo en frente de "nuestra casa". Desde allí nos dirigimos a la Iglesia de la Asunción, donde un perrillo chiquitín nos impidió acceder, aunque luego supimos que estaba cerrada y finalmente también pudimos ver la Casa Torre Jauregia, una torre de vigilancia de entrada y salida del pueblo durante los siglos XV y XVI, que tiene como especial característica, ser la base o primer piso de piedra y el segundo o parte alta de madera.
Luego, dada la imposibilidad de tomar nada sólido en el pueblo nos desplazamos de nuevo a Doneztebe con intención de merendar o cenar algo, por aquello de no tomarnos los güisquis en la casa como quien dice en ayunas. Antes de cenar intentamos comprar gaseosas de papel, que no encontramos. Que ocurrencia...
Tampoco aquí las opciones eran excesivas pues bastantes establecimientos estaban cerrados, pero finalmente y gracias a las indicaciones de una amable lugareña conseguimos encontrar el Restaurante Santamaría, donde tomar un ligero tentempié y una cervecita y volver a casa, donde nos esperaban los combinados de cada noche, sea en Donamaría o sea en Villanueva de Sijena.
| Amaiur |
El monasterio de San Salvador de Leyre, que ese es su nombre completo es el centro neurálgico del nacimiento del reino de Navarra y según parece a mediados del siglo IX ya existía en aquel lugar una comunidad de hombres religiosos con una gran espiritualidad. Luego y por no entrar en excesivos detalles se fueron añadiendo monjes y se fueron construyendo las edificaciones, que componen el conjunto actual. Destaca la cripta y la basílica del mismo. Además hoy en día también existe una hospedería. Finalmente parece ser que los destinos del monasterio y del reino de Navarra fueron tan parejos que hay una época en que es difícil diferenciar uno de otro.
Desde allí ya embocamos rumbo a Huesca sin paradas adicionales y a la hora más o menos prevista llegamos al Restaurante Flor donde habíamos reservado para comer. Como siempre la comida excelente y dada buena cuenta de ella y ya con pocas faenas por hacer a Villanueva.
Fin de la aventura y hasta la próxima...
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