sábado, 25 de abril de 2026

Baztán, otra vez para unos, primera para otros

Aunque a veces parezca mentira ya han pasado casi diez años desde nuestra primera visita al Valle del Baztán y bien cierto es que el valle merece no una segunda revisión sino hasta una tercera y una cuarta. En cualquier caso las fechas quisieron que después de Semana Santa tuviésemos la presentación de un libro "La casa del muro", cuyo autor Paulino Mir Mora además de ser de Albalatillo es coetáneo mío y con el que hemos vivido aventuras de juventud. Así que buena excusa, entre el referido final y la presentación había tres días libres... y lo dicho al Baztán.

Decidimos salir temprano para poder hacer alguna parada higiénico-técnica, que este año vamos los cinco en el mismo coche y este ha disminuido de tamaño y estirar las piernas parece una necesidad evidente. Creo que o compramos un coche más grande o la próxima escapada será con dos carruajes. Desayunamos antes de lo previsto en un paraje frente a los mallos de Riglos. 

Donamaria
Excepcional el lugar y el bocadillo. Desde allí y salvando pequeños incidentes y ya metidos en pleno valle, con alguna carretera que yo recordaba algo mejor o igual es que justo por esa zona no había pasado el viaje anterior, llegamos a Gaztelu donde habíamos reservado para comer pues se encuentra a escasos cinco kilómetros de Donamaria, donde teníamos nuestro alojamiento. Allí hicimos el primer condumio del viaje y lo cierto es que casi no me acuerdo lo que era. Sí, que estaba bueno pero no para fuegos artificiales. El local a mi entender era un mesón típico entre abertzale y hippy con un cocinero catalán, de Berga concretamente. Qué podía salir mal...

Desde Gaztelu a Donamaría apenas nos separan diez minutos y conseguimos encontrar nuestro alojamiento sin ninguna dificultad y de la misma manera pudimos entrar con las llaves guardadas en un cajetín de seguridad que pudimos abrir con la contraseña que el propietario nos envió a través de un correo electrónico.

La casita, integra para el grupo era una maravilla, bien equipada, todo muy limpio, las instalaciones nuevas o renovadas y un patio para entrar el coche, y a parte de las habitaciones, cocina, comedor y sala de estar además de una terraza con una mesa inmensa y una barbacoa, que en otras circunstancias de más días de viaje hubiera dado opción a disfrutarla más.

Cambiando un poco el programa, después de instalarnos nos dirigimos a una de las escapadas previstas, los embalses de Leurtza, situados en Urrotz y construidos a principio del siglo XX con el fin de poder generar energía eléctrica para la zona. Actualmente forman un proyecto medioambiental y de conservación del entorno que se une al turístico que proporcionan sus impresionantes paisajes y también una especie de playa de baño en una de las laderas del embalse de abajo.

Recuerdo que en la anterior visita, apenas había agua en los mismos, en contraposición al momento actual en que están a rebosar. Se notan las lluvias pre-primaverales. 

Tras un breve paseo por el entorno de los embalses, intercambiando ideas acerca de la educación de adolescentes con un sufrido padre que también paseaba por allí con sus hijos en esa edad, que por resumir sería: "ha salvado más vidas una hostia a tiempo que la penicilina". Como digo tras ese breve paseo y fotos de rigor nos dirigimos hacia Elizondo con la intención de reponer fuerzas.

En realidad se trataba de hacer lo conocido como una "merienda-cena", de manera que después de ella ya nos retiraríamos a nuestro particular domicilio a descansar para el día siguiente iniciar otra aventurilla. Lo cierto es que desde la salida de nuestro pueblo a tempranas horas, el día se iba haciendo largo.

Embalses de Leurtza
Pues en Elizondo, tras una breve parada de intendencia en el Eroski, unico super abierto de la localidad, consistente en coca-cola y güisqui para la noche, paseamos por los lugares emblemáticos del pueblo. La plaza del ayuntamiento, el conocido puente sobre el río, popularizado por las novelas de la trilogía del Baztán, la presa sobre el mismo cauce, las calles del centro que están adornadas por fotografías antiguas de la riada, que años ha, asoló el pueblo. Parece mentira que aquel riachuelo pueda hacer semejante estropicio.

Finalmente, decidimos parar en la terraza del Casino en la misma plaza del ayuntamiento, bueno decisión forzada, era la única mesa disponible en toda la plaza. Hay que ver lo que sale la gente a la calle por estos lares. La cosa es que hay que ir a pedir dentro del bar y traerte tu mismo la bebida, luego la comida te la traen ellos. Fueron a pedir Pili y María Luisa y para su sorpresa lo que ellas consideraron un bocadillo era un pincho, con el que tuvieron bastante. Luego el plato combinado de José Ramón y mío tenía la friolera de cuatro trozos generosos de chistorra, buenísima además, y Marta cenó una hamburguesa de considerables dimensiones.

Bien alimentados fuimos a recoger el coche y ya desde allí y sin paradas a pesar de lo justa que iba la gasolina a Donamaría donde tras el correspondiente refresco (güisqui con cola) y comentario de las incidencias del día, cada uno a su habitación y hasta mañana.

El día amaneció espléndido con buena temperatura y aceptablemente soleado, un poco en contra de las previsiones algo agoreras que los meteorólogos habían estado dando en anteriores jornadas. Como parece que se va haciendo costumbre, al menos desde el viaje a Alcalá de Henares, Pili nos preparó un desayuno a medida, con salado, dulce, fruta y cafés e infusiones de varios tipos. Hay que decir que poco o mucho el resto también colabora en ese menester, aunque sea ella quien lo dirija.

Nuestro programa particular tenía dos eventos: El Señorío de Bertiz y el Kasino de Lesaka. Tras repostar gasolina, que recuerdo iba justa, en Santesteban (Doneztebe) pusimos rumbo al Señorío de Bertiz.

Elizondo
La primera noción que se tiene de este lugar es que en el siglo XIV, Don Pedro Bertiz fue nombrado Merino de la Montañas con amplia jurisdicción por el rey Carlos III el Noble. Con más o menos fortuna en los avatares de la historia los descendientes mantuvieron la propiedad de la zona hasta el siglo XIX, en que como es de esperar y suele pasar se lo vendieron a otra familia. Lo cierto es que todo el parque es una maravilla, bien cuidado, con magníficos senderos para pasear por todo él, de titularidad pública y sin costo para el bolsillo para visitarlo. Y un jardín botánico explotado privadamente para cuya visita hay que pagar (no mucho) y que sinceramente merece la pena. Nosotros nos decidimos por la segunda opción, la de caminar menos.

El jardín botánico es un espacio que dispone de varios edificios, los más significativos la Casa-Palacio del Señorío, cerrada por reformas en este preciso momento y una capilla modernista, con unas magníficas  vidrieras de la época. Además gran variedad de árboles y plantas de todo tipo muy agradable visitar por caminitos y puentes muy cuidados y sin ningún problema para acceder a ellos. Tengo que decir que en la anterior visita no me fijé mucho en este jardín pues el hecho de haber hecho previamente un sendero no me dejó mucho tiempo. Me sorprendió entre otras cosas una zona de bambús negros, que obviamente desconocía su existencia.

Pues una vez visto el jardín y como todavía la hora de comer estaba lejos, decidimos insertar en nuestro particular tour, la visita al pueblo de Amaiur. Se trata de un núcleo urbano muy pequeño edificado en torno a una única calle principal con casonas y edificios interesantes a ambos lados hasta que al final de ella y en un pequeño montículo se encuentra el castillo, bueno las ruinas del mismo. Fue un lugar que padeció un asedio importante por allá por el siglo XVI en que se resistió a ser incorporado al reino de Castilla, y mantenerse en el de Navarra. Obviamente el resultado fue penoso...

Una característica interesante de la localidad es el arco de entrada a la calle principal del pueblo, o sea a la única. Se trataba de una especie de "aduana" para poder acceder. Según historias así el municipio se defendió de la posible entrada de la peste, tanto de animales como de personas.

Desde allí ya nos dirigimos a Lesaka, a uno de los momentos que yo tenía especialmente señalados en la agenda del viaje, pues había reservado hacía días una mesa en el Kasino para degustar la archifamosa tortilla de patatas (hay que especificar en la reserva si vas a pedirla o no).

Llegamos con tiempo suficiente y aún nos dió la espera para recorrer alguna de las calles del centro, el riachuelo o arroyo que circula por medio del pueblo y tomar un vermú antes de la comida en el Jubilatuen Ostatua (Hogar del Jubilado). Desde allí ya nos dirigimos al Kasino con la intención de comer.

Señorío de Bertiz
Un poco decepcionado, porque no acerté demasiado con la reserva, pues a la mayoría del grupo, la tortilla le gusta pasada y allí está más bien al punto, o incluso crudita. Creo que la mayoría la probó por no hacerme "un feo". Yo sí la disfruté y comí como nunca. Luego los segundo platos también fueron algo complicados. Las judías rojas estofadas a mí me gustaron mucho pero no al resto. Por fin los chipirones rellenos (de tamaño vasco) en su tinta explicaron que estaban muy buenos. Bueno no siempre se puede acertar.

Después, ya por un camino que el GPS me mandó y yo obedecí pusimos rumbo a Donamaria y cierto que nos costó salir del pueblo, incluso hubo un momento en que pensamos que el camino se iba a acabar y nos íbamos a quedar allí atascados. Por suerte no fue así y regresamos correctamente al redil.

Después de un breve reposo y un paseo por "nuestro pueblo" en el que pudimos ver, desde fuera eso sí, el convento de las Carmelitas Descalzas, justo en frente de "nuestra casa". Desde allí nos dirigimos a la Iglesia de la Asunción, donde un perrillo chiquitín nos impidió acceder, aunque luego supimos que estaba cerrada y finalmente también pudimos ver la Casa Torre Jauregia, una torre de vigilancia de entrada y salida del pueblo durante los siglos XV y XVI, que tiene como especial característica, ser la base o primer piso de piedra y el segundo o parte alta de madera.

Luego, dada la imposibilidad de tomar nada sólido en el pueblo nos desplazamos de nuevo a Doneztebe con intención de merendar o cenar algo, por aquello de no tomarnos los güisquis en la casa como quien dice en ayunas. Antes de cenar intentamos comprar gaseosas de papel, que no encontramos. Que ocurrencia...

Tampoco aquí las opciones eran excesivas pues bastantes establecimientos estaban cerrados, pero finalmente y gracias a las indicaciones de una amable lugareña conseguimos encontrar el Restaurante Santamaría, donde tomar un ligero tentempié y una cervecita y volver a casa, donde nos esperaban los combinados de cada noche, sea en Donamaría o sea en Villanueva de Sijena.

Amaiur
Después de un merecido descanso y el desayuno de rigor, bien preparado como siempre, recogimos nuestros bártulos, cargamos el coche y ya en ruta con dirección a nuestro destino, decidimos lo interesante que sería visitar el monasterio de Leire, que algunos conocíamos y otros no. Dicho y hecho, una vez abandonado el valle por unas carreteras bien conservadas y cuidadas, tomamos la autovía con dirección a Jaca y posteriormente a Huesca que era el lugar que habíamos escogido para comer. Antes de ello, eso sí nos desviamos en el ramal que conducía al referido cenobio para proceder a su visita.

El monasterio de San Salvador de Leyre, que ese es su nombre completo es el centro neurálgico del nacimiento del reino de Navarra y según parece a mediados del siglo IX ya existía en aquel lugar una comunidad de hombres religiosos con una gran espiritualidad. Luego y por no entrar en excesivos detalles se fueron añadiendo monjes y se fueron construyendo las edificaciones, que componen el conjunto actual. Destaca la cripta y la basílica del mismo. Además hoy en día también existe una hospedería. Finalmente parece ser que los destinos del monasterio y del reino de Navarra fueron tan parejos que hay una época en que es difícil diferenciar uno de otro.

Desde allí ya embocamos rumbo a Huesca sin paradas adicionales y a la hora más o menos prevista llegamos al Restaurante Flor donde habíamos reservado para comer. Como siempre la comida excelente y dada buena cuenta de ella y ya con pocas faenas por hacer a Villanueva.

Fin de la aventura y hasta la próxima...

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