viernes, 19 de diciembre de 2025

Ruta de la Plata. Parte Cuarta

Salimos de La Alberca, algo pasados por agua hay que decir, con la esperanza de mejora del tiempo en Salamanca ciudad a la que nos dirigíamos como broche final de la ruta. Habíamos dejado más  tiempo para su visita pues parece más que claro que el inicial previsto era claramente insuficiente.

No obstante, un pequeño sonido de una alarma en el funcionamiento del carruaje empezó a mosquearnos a todos, pues el referido pitido, anunciaba que el capó delantero estaba abierto, cosa que no era así tras varias comprobaciones. Finalmente decidimos parar en un taller en el camino, con la fortuna de que uno de los mecánicos era experto o al menos aficionado a la mecánica de los Porsche.

Vista desde el Parador

Pero claro la tecnología que requería el asunto no estaba a su alcance, así que con ratos de mayor o menor intensidad del pitido llegamos a Salamanca, donde no había concesionario oficial de la marca, así que nuestro guía decidió lanzarse a Valladolid, el lugar más próximo con taller adecuado. Eso solucionó de forma momentánea nuestros problemas pero vaya paliza que se dió Enrique, sin comerlo ni beberlo. Y esto es literal marchó sin comer.

Salamanca y Alba de Tormes.

Pues haciendo un poco "de tripas corazón", los otros tres miembros de la expedición, tras un no tan frugal bocadillo de jamón de la zona, nos lanzamos a la conquista o mejor dicho reconquista de la ciudad, pues todos ya la habíamos visitado anteriormente. El Parador está por decirlo de alguna manera al otro lado del Tormes en relación con el centro histórico. No es que esté lejos pero con la lluvia intermitente y un poco de frío que hacía, decidimos utilizar taxi para desplazarnos al referido centro histórico.

Nos dejó justo delante de la puerta del mercado de la ciudad y desde allí tomamos como primer destino a visitar la espectacular Plaza Mayor de la que prácticamente poco se puede decir que no se haya dicho. Bueno en mi caso particular sí, pues como ya comenté en otra entrada tuve alquilado durante "la mili" un duplex en la plaza donde pasaba las horas que el cuartel me dejaba libre. Matizo, el piso lo teníamos alquilado entre 20, y obviamente no coincidíamos nunca todos.

Colegios Menores

Por decir algo de la misma diré que es el corazón de la ciudad, de estilo barroco y diseñada por los arquitectos Alberto y Nicolás Churriguera y en su seno alberga lugares emblemáticos como el café Novelty, conde se reunía la flor y nata de la intelectualidad de la ciudad, y otros comercios y restaurantes sin tanto glamour, que la mantienen viva a cualquier hora. Entre estos establecimientos no dejaré de nombrar el Mesón Cervantes donde descubrí hace ya más de cuarenta y pico años las "palomas", una tapa de ensaladilla de la que quedé prendado hasta la fecha. Fácil saber cómo es: Visitar Salamanca y pedirla en el referido local o buscar en google "paloma tapa Salamanca". Recomiendo lo primero.

Desde allí a la Plaza del Corrillo y por la rua Mayor a buscar la calle de Libreros que nos conducía directamente a la plaza donde está la famosa puerta de la Universidad de Salamanca de estilo barroco con su no menos famosa "rana". En la misma plaza la estatua de Fray Luis de León, profesor muy conocido por la famosa frase: "Decíamos ayer...", cuando regresó después de varios años en prisión por sus ideas y como consecuencia de la actuación de la Santa Inquisición.

También desde la misma plaza, conocida como Patio de las Escuelas, se tiene acceso a otro monumento espectacular, los Colegios Menores, donde se encuentra el famoso Cielo de Salamanca, donde se aprecian las constelaciones y estrellas visibles en el cielo de la ciudad. Por finalizar en la misma plaza se halla un palacio del siglo XV que alberga el Museo de Salamanca.

La Universidad

Desde allí nos dirigimos a la plaza de Anaya, donde además del palacio que da nombre a la misma podemos observar las dos catedrales de la ciudad, la nueva y la vieja, esta última de Santa María de la Sede de Salamanca y la otra de la Asunción de la Virgen. En esta plaza también convive un excelente bar restaurante que recuerdo de mi época en la ciudad: Las Caballerizas. Está instalado en el lugar donde guardaban los caballos los jóvenes nobles de los alrededores que acudían a las clases de la Universidad. Muchos ricos y nobles acudían a las clases a pesar de conocer el famoso dicho: "Quod natura non dat Salamantica non praestat"

Aún nos dió tiempo de pasear por las calles de Toro y de Zamora, que dan acceso a la plaza Mayor desde la parte opuesta de la ciudad. Ya en el momento que tuvimos conciencia de que nuestro amigo había vuelto de su particular excursión a Valladolid (lo que hace este hombre para poder ver cuantas más cosas mejor en sus viajes) regresamos también con un taxi al Parador para encontrarnos con él, no sin antes haber tomado una paloma y una cervecita en el Mesón Cervantes.

Ya en Parador, que pese a ser un edificio moderno, conserva en su interior el estilo del grupo, pero sobre todo en su amabilidad y buen servicio, nos reencontramos con nuestro amigo y fuimos a cenar, quizá demasiado temprano pues el comedor no había abierto todavía. En la espera coincidimos con una pareja con la que veníamos haciendo la ruta desde Zafra, aunque no habíamos cruzado palabra con ellos en todo el recorrido. 

Plaza Mayor

Aprovechamos la coyuntura para explicar un poco la incidencia del viaje con nuestro coche, y ellos nos explicaron alguna parecida con el suyo. No perdí la ocasión que me brindaba la situación para meter baza y decirles si no habían pensado en la posibilidad de recurrir a los japoneses.  Hasta la fecha y que dure en años de esos coches no he tenido el más mínimo problema. Solo por enredar un poco. Ellos tienen un Porsche y un Jaguar.

Cenamos, como en toda la ruta, bueno y abundante y nos retiramos a nuestros aposentos cada uno para el día siguiente seguir con la visita de la ciudad. Como no estuvo Enrique en la tarde anterior, repetiríamos algunas cosas, pero desde la perspectiva de día y sin lluvia, que también tiene su gracia. Además pensábamos ir paseando y pasar por el puente romano que une las dos riberas del Tormes y que es digno de una visita, como casi todo en Salamanca.

Desayuno no frugal y en marcha hacia la zona centro, pasando como digo por el puente romano que ofrece magníficas vistas de la ciudad y de su entorno más próximo, como las vidrieras de Casa Lis, que alberga el museo Art-Deco, que estuvo bastante tiempo cerrado, pero por fortuna ahora ya operativo. También cerca del puente se encuentra la estatua homenaje al Lazarillo de Tormes, personaje pícaro donde los haya.

Por no repetir los lugares visitado digamos que paseamos por la rúa Mayor, visitamos la Universidad Pontificia y la famosa Casa de las Conchas, obra de finales del siglo XV, cuya fachada está decorada con más de 300 conchas de vieiras, distintivo de la Orden de Santiago.

Torre-Castillo de los Alba

En el recorrido los monumentos se multiplican sin que me sea posible enumerar todo lo que vamos viendo, con gran belleza e historia a sus espaldas. Una anécdota curiosa son la presencia de estatuas relativamente recientes, como la que tiene Torrente Ballester en la cafetería Novelty u otra en medio de una calle peatonal D. Vicente del Bosque, entrenador de fútbol de la Selección con un magnífico palmarés. Por cierto en la cafetería nos tomamos un chocolate, que no pudo ser con churros porque se habían acabado.

Poco a poco se fue haciendo la hora de comer algo y decidimos regresar al Parador, pues la experiencia del día anterior había sido más que positiva, aunque a veces segundas partes nunca fueron buenas y aunque la comida estaba buena no tenía el nivel de la del día anterior. Más o menos todos aprovechamos el regreso paseando para hacer algunas compras, recuerdos, caprichos y también algo de productos ibéricos que tan buenos están por estas tierras.

Por la tarde habíamos tomado la decisión de ir a visitar Alba de Tormes, que se encuentra a escasos kilómetros de la capital, pudiendo comprobar entonces que la excursión a Valladolid había sido fructífera y el carruaje respondía a las mil maravillas, pero sin música "especial".

Como la ciudad es relativamente pequeña, apenas llega a los 5000 habitantes, decidimos aparcar en la zona de la entrada cerca de la plaza del Peregrino y desde allí hacer el recorrido a pie. Antes y ya desde el puente de acceso al núcleo urbano se puede apreciar el Castillo de los Duques de Alba, en el que queda en pie su torre y algunos restos del Palacio anexo.

Puente sobre el Tormes

Y aunque el pueblo tiene el nombre que tiene, creo que sería más adecuado llamarlo Teresa de Jesús de Tormes, pues casi todos los monumentos, iglesias, museos y conventos hacen referencia a la santa de Ávila, con permiso de algunas, aunque no tantas a San Juan de la Cruz.

La devoción a los santos es espectacular y no solo de los nativos, sino de gentes que vienen de todos los países del mundo a venerarlos. De hecho nos cruzamos con un grupo de orientales que estaban celebrando una visita y un rito en la iglesia de Santa Teresa. Hicimos especulaciones de si eran japoneses, coreanos, chinos, vietnamitas y hasta filipinos. Al final no recuerdo su origen pero sí que el que acertó el mismo fue Enrique. Ahí se ve que le ha servido visitar todo el mundo y que tiene buen ojo para las nacionalidades.

Visitamos la Iglesia una vez acabado el ritual y entre otras cosas pudimos ver lo que queríamos ver que entre otras cosas era el brazo incorrupto de la santa guardado en un relicario a tal efecto. Lo que yo no sabía es que también estaba su corazón igualmente en un relicario. Cuentan algunos que el brazo se lo llevaron a Franco en sus últimos días por ver si obraba algún tipo de milagro. Parece ser que no fue así y el dictador se apagó cuando sus cuidadores le dejaron.

Antes de esta visita pudimos visitar también un museo convento de los carmelitas, con austero claustro, más bien jardincillo y apreciar algunas de las actividades de la vida monástica, que a un servidor le recordaron demasiado la vida que en los primeros años llevó en un seminario conciliar, en la provincia de Huesca.
Así nos vió ChatGPT

Después de estas visitas ya decidimos volver a Salamanca de nuevo con el fin de tomar un tentempié antes de ir a descansar para el viaje que nos esperaba el día siguiente hasta nuestro lugar de origen.

Pero, claro, el afán de conocimiento de nuestros amigos nos llevó a un pueblecito del que no recuerdo su nombre en busca de unas ruinas romanas o algo parecido. Lo cierto es que no las encontramos. También hay que decir que el lugar estaba en la ruta de vuelta, que no hubo que desviarse de la misma para la exploración.

Ya en el Parador, empezamos un estéril debate de donde ir a hacer el tentempié dichoso con diversidad de criterios pero sin que llegase el agua al río. Al final ganó la opción de quedarse allí mismo y en la cafetería cada uno que tomase lo que mejor le viniese en gana y si era poco, ya lo compensaríamos con el desayuno del día siguiente.

Dicho y hecho, desayuno contundente y con las maletas ya preparadas a la ruta, en este caso distinta a la de venida a esta aventura, pasando por bodegas de Ribera del Duero, bosques de Soria y hasta los Monegros, donde en el restaurante del mismo nombre de Sariñena hicimos el último ágape de la ruta. Luego nuestros amigos nos dejaron en Villanueva de Sijena y ellos continuaron hasta Manresa. No se cansa nunca de conducir...

Por acabar, magnífico viaje, como todos con muchas risas y conociendo muchas cosas, comiendo como Dios manda cada día y algún debate que no hace más que mejorar la aventura. Desde estas líneas gracias a todos y todas por todo, hasta el punto que creo que sería necesario proseguir esta aventura hasta más al norte de este país, aparcando un poco el "cerdico"  e incorporando el "marisquito".

Como prueba de lo bien que nos lo hemos pasado, adjunto foto de grupo pasada por el tamiz del ChatGPT y en la que se nos ve felices y contentos los cuatro. Y si lo dice la IA: palabra de Dios. 

viernes, 12 de diciembre de 2025

Ruta de la Plata. Parte Tercera

Tras un breve trayecto en nuestro carruaje particular llegamos a nuestro destino, como ya anunciaba en la anterior entrada fuera de la ruta inicial: Cuacos de Yuste, donde se encuentra el magnífico Monasterio de Yuste, lugar de retiro de reyes, principalmente Carlos I o V, según guste a cada uno.

Monasterio de Yuste

Cuacos de Yuste
Como a lo largo de esta escapada llegamos al parking del Monasterio sin apenas aglomeración, con lo que deducimos que la visita sería relajada o al menos sin los agobios del exceso de personal de algunas atracciones turísticas.

El referido monasterio se halla integrado en el municipio de Cuacos de Yuste, una localidad que no llega a los mil habitantes y que es capital administrativa de la comarca de la Vera. Obviamente su principal notoriedad e impulso le vino dada a esta villa por ser en la que se retiró el rey Carlos V o I, tras abdicar en su hijo Felipe II en el año 1557. Por esta misma razón la villa mantiene relaciones de amistad y cooperación cultural con Gante, ciudad de nacimiento del monarca y con Aquisgrán, donde fue coronado como Sacro Emperador.

Lo cierto es que el palacio es espectacular, pero también bastante sobrio para lo que se llevaba en la época y consta de dos partes bien diferenciadas. El convento, que dispone a su vez de una iglesia ubicada en el centro con dos claustros, uno gótico y otro que es llamado el claustro nuevo. Y la vivienda del emperador, como he dicho bien sobria, pues quería hacer vida monástica. Tenía incluso desde sus aposentos una puertecita que le daba acceso directo al altar mayor para no tener que desplazarse demasiado. Mucho tiempo no la hizo servir pues en menos de dos años desde que llegó pasó a mejor vida, si es que esta existe para los reyes...

Monasterio de Yuste
Parece ser que desde la muerte del emperador y hasta el siglo XX, fue abandonado un poco a su suerte y entre incendios y guerras, así como el abandono de los monjes del convento, unas veces a la fuerza y otras por voluntad propia el monasterio quedó bastante deteriorado.

Lo cierto es que a mediados del siglo XX se inició una restauración del mismo tratando de seguir de forma fidedigna la estructura tanto de la iglesia como de la vivienda. Hoy forma un conjunto digno de ser visitado en el que se puede ver ambas dependencias y en la que destaca el balcón del claustro del emperador y el despacho del mismo, donde recibía algunas visitas. También una habitación con una silla diseñada especialmente para facilitar el bienestar de los enfermos de gota, dolencia que padeció el emperador y también su hijo Felipe II, que se hizo construir una parecida para trasladarse al monasterio de El Escorial, durante su reinado.

Lo dicho, que esto explicaba el invento de la puerta que daba a la iglesia, tener que desplazarse y movilizarse lo menos posible que la gota duele solo de pensar en ella (datos de experiencia propia). Acabada la visita volvimos a la ruta para llegar a buena hora (la de la comida) al Parador de Plasencia donde nos esperaban nuevas visitas y conocimientos.

Plasencia

Pues no fue especialmente fácil llegar a nuestro destino pues nuestro alojamiento se encuentra dentro de los límites de las murallas y después de diversas intentonas con navegadores entrando en bucle llegamos a la puerta de Parador, que es justo donde se acababa la calle. O sea que de allí no teníamos salida. Todo se arregló al hacer el check-in, que nos facilitaron una tarjeta para colocar en el coche por si aparecía la autoridad municipal con ganas de hacer caja.

La Casa de las dos torres
Con los trámites acabados Enrique y un servidor fuimos al parking a dejar a buen recaudo nuestro transporte. Lo que hasta entonces fue difícil, en relación al tráfico, se convirtió casi en imposible. Para bajar al aparcamiento teníamos que coger un ascensor. Hasta ahí normal, lo complicado vino cuando descubrimos el tamaño del mismo. Cabía el coche? Sí. Pero sobraba aproximadamente dos dedos por delante y dos dedos por cada lado. Vamos que había que recoger los espejos retrovisores. Pese a todo la pericia del conductor acabó con los problemas. Coche aparcado.

Pues empecemos por el principio para ir bien. El propio parador está instalado en lo que fue el convento de San Vicente de los Padres Dominicos, edificado en pleno siglo XV. Dispone de un magnífico refectorio y un claustro bajo bien conservado, aunque a la hora que lo vimos tampoco hacía muy buen tiempo como para aguantar mucho rato.

Como algunas otras ciudades dispone de dos catedrales, la nueva y la vieja, que a pesar de ser nueva está en constante restauración. En la misma plaza se encuentra la casa del Dean, buen domicilio tenía el colega, céntrico y precioso.

Otro de los monumentos interesante de la ciudad es la casa de las dos torres o Palacio de los Monroy, el más antiguo de la villa. Evidentemente Maite, tenías razón cuando decías que solo veías una, pues una vez documentado he descubierto que la otra fue derruida en pleno siglo XX, porque había quedado muy dañada en el siglo XVIII por el terremoto de Lisboa. La ignorancia me hizo pensar que las dos zonas más elevadas de la fachada eran las torres. Aclarado el entuerto.

Puerta de Trujillo
Desde la zona de la plaza de la catedral y por unas estrechas calles salimos extramuros por la puerta de Trujillo, un edificio en la misma muralla, que igual sirve de puerta de salida o entrada de la ciudad que de ermita católica. También es conocida como el Cañón de la Salud, pues parece que en alguna celebración se cayó el aceite de una de las lámparas y este aplicado a algunos enfermos consiguió curarlos, así que ya tenemos la leyenda y el nombre de la puerta.

Desde fuera del recinto las murallas que parten desde la referida puerta se ven espectaculares y suponen uno de los atractivos monumentales importantes. Ya con la luz justa nos dirigimos a la plaza Mayor y desde allí hasta un acueducto en las afueras o mejor dicho en la zona más nueva de la ciudad. A destacar en la parte alta de casa consistorial el conocido como abuelo Mayorga, un autómata que se considera símbolo de la ciudad, aunque no he conseguido saber el porqué.

Regresamos al hotel a descansar un momento previo a la cena, pero las chicas decidieron que pasaban así que Enrique y yo decidimos volver a la Plaza Mayor y allí en uno de los locales, previa espera a que la cocinera empezase su turno, nos tomamos unas tapas que hicieron de cena. Luego ya de vuelta al Parador y aquí tengo que hacer una corrección debido a la memoria de la edad. Fue en este claustro en el que se podía fumar y no en Trujillo como dije en la anterior entrada. Lo que allí escribí sirve para aquí.

La lluvia que venía amenazando durante el viaje se hizo por fin realidad en el camino hacia nuestro nuevo destino ya en la provincia de Salamanca, la comarca de la Las Batuecas y más concretamente La Alberca.

La Alberca

Calle Mayor
Pues lo dicho, con una lluvia más o menos intensa llegamos a la Alberca, donde después de aparcar, al salir del coche tomamos conciencia que lo del pronóstico del tiempo era poca broma. Un buen viento con agua empezó a hacer inútil cualquier uso de los paraguas porque acababas bien mojado, pero el turista es esforzado y sufridor y entre los refugios que ofrecían algunos balcones, algún momento que amainaba la lluvia y la inestimable colaboración de una tienda de zapatos en la que nos refugiamos, mientras alguna de las visitantes compraba zapatos, llegamos a la plaza mayor del pueblo, una auténtica joya, incluso con meteorología adversa.

La villa es anterior al imperio romano, como demuestra el castro sobre el que se asienta la parte más antigua de la población. La historia del núcleo urbano está ligada al descubrimiento de la aparición de la virgen en la Peña de Francia y en aquellos tiempos (siglo XV) parece ser que pasó a ser territorio castellano-leonés. También cuenta una leyenda que las mujeres de La Alberca consiguieron derrotar a un noble portugués al que arrebataron el pendón que hoy conservan todavía en el ayuntamiento.

Luego ya se convirtió en patrimonio de la casa de Alba y tras ser citada en sus escritos por Miguel de Cervantes y Lope de Vega alcanzó una gran notoriedad y leyenda. Ya en el siglo XIX y consecuencia de la nueva distribución provincial pasó a ser de Salamanca y hasta ahora.

La Alberca. Entrada pueblo
A parte de la belleza del conjunto de la plaza mayor, muy cerca de ella encontramos la iglesia parroquial adosada a una torre construida por los duques de Alba antes de la propia construcción del templo. En una de sus salidas hay un monumento dedicado al cerdo. Parece ser, y esto es solo una versión, que hay más, que durante todo el año un cerdo se pasea por el pueblo y es alimentado por los vecinos de manera que cuando le llega la hora al animalico ya adulto cuya alimentación ha sido costeada por todo el pueblo, se reparte entre algunos vecinos necesitados. Esta es la romántica, creo que hay otra más práctica y que dice que el marrano, llamado el cerdo de San Antón, se sortea entre los vecinos sin tener en cuenta posibles o carencias de a quien le toque y los beneficios obtenidos de tal rifa pasan a la Cofradía de San Antón de La Alberca.

Pues sin ninguna prisa, pero también sin pausa emprendimos el camino a la que sería la última etapa del recorrido, la ciudad de Salamanca a la que habíamos destinado dos días pues en uno nos pareció casi imposible acabarnosla. He de decir que me fui arrepentido de no haber comprado un jamón que tenía una pinta y un olorcillo insuperable y además era barato. Y de paso podía hacer competencia a los quesos.

Lo único de este último camino que estaba dispuesto a aguarnos la fiesta, y que no era justamente la lluvia, fue la música, elegida por no sabemos quien, que nos dio la lata en parte del viaje. Pero esa aventura la contaremos en la última entrada de esta aventura.

jueves, 11 de diciembre de 2025

La Ruta de la Plata. Parte Segunda

Siguiendo por "apacibles caminos" abandonamos Emerita Augusta y en un abrir y cerrar de ojos nos plantamos en el siguiente punto de parada de la ruta, todo y que dado el afán visitador del grupo, ya habíamos ganado bastante tiempo y nos permitió hacer esta visita no programada inicialmente.

Cáceres

Se trata de una ciudad, que dicho sea de paso tiene el término municipal más extenso de España, de casi 100.000 habitantes, de la que ya se tienen referencias de estar habitada desde la época neandertal aunque las referencias más documentadas son de la época romana y cuyo nombre originario se disputan un general y un cónsul, romanos los dos.

Entrada al casco antiguo

Una vez en la ciudad tras llegar por estrechas callejuelas a un céntrico parking nos pusimos en marcha para la visita de lo que el tiempo nos permitiera, pues otra de las ciudades del recorrido que no te acabas es ésta. Llegamos a la plaza mayor, espectacular como siempre, peatonal y con infinidad de establecimientos de restauración y de los otros y desde la cual por la escalinata central nos adentramos en el casco antiguo.

Pues lo dicho que una vez penetramos en el casco antiguo no se puede dejar de mirar a diestro y a siniestro y cada rincón y cada edificio es un monumento repleto de historia, por algo se trata de un conjunto patrimonio de la Unesco y también el tercer Conjunto Monumental de Europa después de Praga y Tallin.

Entre los monumentos destacan la concatedral de Santa María y la iglesia de San Francisco Javier con sus dos torres gemelas de color blanco. La iglesia de San Mateo y el Convento de San Pablo, edificado sobre una ermita. Las casas nobles y palacios son incontables en esta zona, destacando entre otros el Palacio Episcopal, vivienda de la autoridad eclesiástica de la ciudad en otros tiempos. También se pueden ver el Palacio de Toledo-Moctezuma, que lo mandaron construir un matrimonio en que había un descendiente de Isabel de Moctezuma, hija del caudillo azteca del mismo nombre.

Un rincón de la ciudad

Igualmente importantes son los arcos que rodean el casco antiguo destacando el de la Estrella, que es la principal entrada al mismo. También de interés el del Cristo y el de Santa Ana, así como la desaparecida puerta de Coria.

Las torres de defensa también se multiplican a lo largo de todo el recinto amurallado. La de Bujaco es el emblema de la ciudad y se encuentra en la plaza mayor y fue la que protegía el flanco noroeste del recinto. Otra, la de los Púlpitos también adosada a la muralla es altamente representativa de Cáceres. 

Destacar también el foro de los Balbos, un pequeño espacio cerca de la muralla y rodeado de edificios de gran interés arquitectónico y cultural.

Y no tendríamos que olvidar que en el mismo recinto medieval se encuentra una de las maravillas de la gastronomía de este país y probablemente del mundo. El restaurante Atrio, tres estrellas Michelin en la actualidad, perfectamente encajado en el espacio histórico y en cuyo entorno se acumula también un hotel ideal para disfrutar de la ciudad y de la gastronomía las gentes más sibaritas. Por cierto, no es nuestro caso.

Lo que sí es nuestro caso, es que queríamos comprar Torta del Casar, un magnífico queso cremoso para mojar y llevarlo para nuestro domicilio. En principio pensamos que luego al final de la ruta en Salamanca, podríamos comprarlo. Pero a alguna se le ocurrió ser prevenida y con los quesos que cargamos todo el viaje, de nevera de hotel a nevera de hotel hasta Terrassa. A decir verdad,  llegó bien...

Trujillo

Pues también en un plis-plas nos presentamos en la ciudad de Trujillo, siguiente parada del periplo. La romana Turgalium que llegó a ser paso obligado entre Emerita Augusta y Cesaraugusta es una población con casi nueve mil habitantes en la actualidad con un estupendo castillo que se divisa en el alto del núcleo ya desde varios kilómetros antes de llegar.

Castillo de Trujillo

Como ya es habitual tras el cambio inicial del recorrido al que insisto íbamos ganando tiempo, llegamos a la hora de la comida al Parador, que ocupa un convento del siglo XVI con dos claustros. Alguno comió cochinillo, aunque según comentó no estaba tan rico como el del día anterior. Otro aprovechó la noche que en uno de los claustros dejaban fumar para dar cuenta de un purito nicaragüense que le supo la mar de bien. Bueno no lo acabe entero porque en el claustro mucho calor no hacía...

La ciudad me trae recuerdos de la anterior visita en que un ataque de "gota" me tuvo sentado en una terraza de la plaza, debajo de un paraguas porque llovía todo y más. No pude visitar el castillo, así que sin perder tiempo después de comer iniciamos la subida la mismo, que dicho así parece importante, pero la verdad es que no es especialmente larga, si no te equivocas por hacer caso al google maps y das más vueltas que una peonza.

Como digo el castillo es una maravilla de origen árabe, construido entre los siglos IX y X y con posteriores remodelaciones en el siglo XV y algunos trabajos de restauración en el siglo XX. Tiene una capilla y algunos aljibes en su interior y es una gozada las vistas desde lo alto de sus murallas por las que se puede pasear con toda tranquilidad. Bien justificado el esfuerzo de subir.

Desde allí fuimos bajando por empinadas callejuelas, ahora más llevaderas, haciendo alguna parada como la casa natal de Pizarro, o la casa de sus padres, no me quedó muy claro. Funciona como casa-museo y se pueden ver algunos elemento, como utensilios, espadas, ropajes, etc.

Pizarro en la Plaza Mayor
Camino de la plaza mayor pasamos por la iglesia de Santa María la Mayor y pudimos ver en una placita próxima la estatua dedicada a Orellana, también conquistador y vaya usted a saber que más del nuevo mundo.

Llegamos a la plaza ya prácticamente de noche, lo que no hace más que acrecentar su belleza y magia con la iluminación que tiene, muy adecuada y lograda.

Allí se encuentra casi como centro de interés de la misma la estatua ecuestre dedicada al conquistador Francisco de Pizarro, seguramente el más ilustre de sus vecinos, aunque también a él, le rodea una historia poco edificante en las colonias descubiertas. También destaca en uno de los vértices de la plaza la iglesia de San Martín de Tours. Y en la misma plaza nos encontramos también con un grupo de moteros de Lleida que hacía una ruta, sino igual, parecida a la nuestra. Volvimos a coincidir con ellos en el desayuno de la mañana siguiente en el Parador.

La idea inicial era cenar en el Mesón de la Troya, donde el recuerdo del anterior viaje me había llevado, sobre todo por un magnífico cocinado de lomo de cerdo ibérico en una salsa espectacular. No pudimos comprobarlo, pues abrían muy tarde para nuestros intereses, así que cogimos otra alternativa al ágape. Desde allí nos retiramos a descansar que el día siguiente seguía prometiendo emociones y más actividad.

Monfragüe

Desfiladero de Monfragüe
Nada más desayunar, bien como cada día pusimos rumbo al parque Nacional de Monfragüe, hasta que por unas carreteras algo más tortuosas que hasta la fecha, llegamos al paraje conocido como el Salto del Gitano, lugar donde había posibilidad de aparcar para disfrutar de los paisaje.

Se trata de un espacio natural protegido, atravesado por dos ríos, el Tajo y el Tiétar, que fue declarado parque natural en 1979 y parque nacional en 2007.

Las vistas son espectaculares, no solo por la orografía del lugar sino también por la gran cantidad de buitres que habitan en la zona. Se ven como si fuesen auténticos vigías del lugar, parados en los riscos más altos de los montículos de piedra que bordean el curso del río Tajo, en este caso.

También son fauna corriente en el mismo parque, a parte de estos buitres negros, las águilas imperiales, las cigüeñas negras, buitres leonados, búho real y algún que otro alimoche. Entre los mamíferos, hay nutrias, gatos monteses, algún zorro, venados, jabalíes y conejos. También hay diversidad de peces, reptiles y anfibios como el sapo partero ibérico y el tritón ibérico. Menos mal que la mayoría de ellos están escondidos y difícilmente visibles, sino con lo que le gustan los animalicos a alguna del grupo echamos la mañana y parte de la tarde en el parque.

Buitres en Monfragüe
Sin que tuviese que ver nada con "los animalicos", también aquí volvimos a reencontrarnos con el grupo de moteros de Lleida, que nos explicaron la tecnología punta de la que disponen en las motos para evitar choques con la fauna que muy a menudo se cruza por las carreteras. Buena inversión porque a fin de cuentas la carrocería de esos vehículos son los propios conductores.

Como último dato del parque, decir que su nombre proviene de los romanos "mons fragorum", que significa monte denso. También como curiosidad aportada por la wikipedia hay una pequeña ermita dedicada a la Virgen de Monfragüe, donde se guarda una pequeña talla del siglo XVII-XVIII, traida desde Palestina por los Caballeros de la Orden de Santiago. Todos los años los pueblos pertenecientes al parque celebran una romería a la ermita que llaman "Monte Fragoso".

Desde aquí emprendemos viaje a la siguiente parada de la ruta, también fuera de programa, gracias al buen ritmo que llevamos de viaje y a la necesidad exploradora de nuestro guía...

Ruta de la Plata. Parte Cuarta

Salimos de La Alberca, algo pasados por agua hay que decir, con la esperanza de mejora del tiempo en Salamanca ciudad a la que nos dirigíamo...