sábado, 24 de marzo de 2018

Joan y el paréntesis

La intención de esta entrada, tan separada en el tiempo de la anterior, y que quería dedicar a mi amigo Joan, que se ha incorporado al selecto club de "sesentones" del grupo de colegas y otras hierbas, se ha visto como digo retrasada por un pequeño paréntesis. Una intervención quirúrgica, que hacía tiempo que tenía que someterme, por gracia de mi cirujano vascular se ha producido el pasado 20 de febrero.
Joan y yo
No es que fuese algo grave, un poco complicada sí, y tenía que pasar obligatoriamente por un preoperatorio, la intervención, el postoperatorio y la convalecencia. Hoy, aún sin acabar la convalecencia estoy realmente bien, y dispongo de un trozo de aorta y arterias ilíacas perfectamente nuevas, que vía prótesis han sustituido las que tenía en malas condiciones. El inconveniente final es que la Semana Santa será de convalecencia y me quedaré en casa viendo llover, al paso que vamos.
Pero a lo nuestro, que la historia era hablar de los 60 años del colega. Como no podía ser de otra manera nos reunimos para la celebración en un restaurante, pequeño y acogedor, que ocupamos prácticamente todo, lo que nos dio más facilidad para montar numeritos una vez acabada la cena. Por cierto el restaurante se llama El Tros y la comida es excelente, así como el servicio y el ambiente.
Los comensales
Una vez acabada la cena pasamos a los regalos y festejos posteriores: Yo, me atreví a hacer una especie de monólogo, relacionado con la edad y el individuo, algo menos de 2.000 palabras de las que solo transcribo algunos párrafos de las mismas: "... No sabía bien por dónde empezar y pensaba hacer una biografía más o menos divertida del “querubín”, pero para ello no tenía ningún dato de su infancia, salvo los que me ha contado él, o sea casi nada, solo unos pocos de su paso por la Facultad de Medicina de Zaragoza, pues apenas compartimos techo unos meses y luego los de los últimos años, desde que nuestras hijas coincidieron en el cole, que sirvió para empezar una amistad que perdura hasta la fecha: muy importante en este proceso inicial fueron los huevos fritos con puntilla, y algunos otros aspectos culinarios."
Joan nació en un pueblo de Lleida, en aquel entonces Lérida, que se llama Juneda. "... Qué decir de Juneda? Pues un pueblo de casas antiguas restauradas, algunas que supongo te sonarán: la Bragós, la Freixes, la del Sec de l’Albi, la Sapriá, … y un poco más modernas, la Fusteret, la Sabatera, la Tomaset, la del Metge y la del Barber.
Y alguna cosa de gran interés, cada año hacen un concurso de Cassoles de Tros, un plato bien típico de la zona, pero que en el caso de Juneda se caracteriza por utilizar solamente carne de cerdo, hacerla en olla de barro y sobre un fuego con tres pies.
Los ojos
Por cierto lo del restaurante que estamos tiene algo que ver con esto del tros? O es pura casualidad? Casualidad no sé si lo es o no pero, justo en el año de 1958, el insigne Dr. Barraquer descubrió un fermento que permitía sacar la catarata entera: Premonición?"
Ni que decir tiene que Joan es oftalmólogo y familia de oftalmólogos, así que la coincidencia con su año de nacimiento 1958, seguro que algo tiene que ver.
Para finalizar el monólogo hice un alegato con más o menos fortuna a la amistad que nos une para proceder después a la entrega de regalos: "... De niño, no lo conocí, de adolescente tampoco, de joven un año como mucho, y ya de adulto, desde el huevo frito, hace poco más o menos quince años. Pues a pesar de ello creo que somos amigos de toda la vida y la reflexión que quería hacer es que para ser amigos no hace falta vivir juntos toda la vida, ni conocerse desde que las madres coincidieron en la preparación al parto. A menudo es suficiente con haberse emborrachado juntos alguna vez y cantar al unísono el “Asturias, patria querida”.
Los ojos
Y la idea final, es que lo que ayuda en realidad a mantener una amistad es compartir instintos básicos, o sea, chuletones, alubias, huevos, panceta, bacalao, etc., etc. Por qué pensabais sino que celebramos su cumpleaños en un restaurante…?
Feliz 60 cumpleaños, y bienvenido a un selecto club del que ya no saldrás aunque quieras: “Los Viejos” se llama".
Tal y como decía procedimos a la entrega de regalos. El grupo se rascó los bolsillos y le obsequió un maravilloso iPhone, el 8 u 8 y pico, no sé...
Pili se atrevió con algo más original. Dibujó al carboncillo los ojos de su familia, Gabi, Ana, Ana y él mismo, y se los regaló perfectamente enmarcados y prestos a ser colgados en una de las paredes de su casa. Fue un regalo muy emotivo y de valor no calculable.
Por fin y aunque con un poco de retraso le llegó el regalo de su familia próxima, mujer e hijas, y aunque en un primer momento le resulto sorprendente y le dejó atónito, sé de buena tinta que hoy lo está disfrutando como un niño con zapatos nuevos: Un Toyota RAV4 híbrido.

lunes, 22 de enero de 2018

Navidad y año... nuevo?

Pues toca escribir de la Navidad, y también del año nuevo, aunque da la impresión que pese a la consistencia que tiene el calendario, es 2018 y hace nada era 2017, tiene poco de nuevo, al menos en la acepción de novedoso, de cambio, de cosa estrenada. A mi parecer casi todo sigue igual, y eso que lo miro con optimismo ya que la alternativa es que está peor, y no me seduce nada, aunque esto sea hacer un poco el avestruz...
Hecho este pequeño preambulo como no podía ser de otra manera, el día 25 de diciembre fue Navidad, y tras cenar en casa en Terrassa con la familia el 24, Nochebuena, y recoger los regalos de Papa Noel, nos pusimos en marcha a primera hora hacia Villanueva de Sijena, donde teníamos prevista la comida con la otra parte de la familia.
El viaje por carretera fue como cada año, prácticamente sin tráfico y una vez llegados al "Pla de Lleida", una niebla que no te dejaba ver ni el "morro" del coche, así que con toda la paciencia y la precaución del mundo llegamos a destino, donde la familia ya tenía la bodega de Martín con la mesa perfectamente decorada para la comida navideña y algunos de ellos, Miguel principalmente, preparando las viandas que daríamos cuenta pocos minutos después. La "abuela Josefina" había preparado los típicos canalones, empanadillas, croquetas y huevos rellenos de cada año, que se sirvieron a modo de pica-pica o aperitivo, junto con el "el pulpo a la brasa, en base parmentier" que preparó el referido Miguel, y que sumado dejaba poco espacio para el resto de la comida: berberechos y mejillones al vapor, gambones a la plancha y finalmente las costillitas de cordero, la longaniza y la panceta a la brasa.
La comida de Navidad
Parece increíble pero la mayoría de nosotros acabamos probándolo todo, bien regado eso sí con un Merlot del Somontano, y aún dejamos un espacio para probar los dulces y turrones de Navidad, que tuvimos que empujar también con una copa de champán francés que aportaron Mery y David.
O sea, que cumplimos con la tradición y la creencia familiar, muy extendida por aquellos lares por cierto, de que comiendo se cura casi todo... "Come bien y caga fuerte y no tengas miedo a la muerte" es uno de los "dichos" o refranes que circulan por la zona y que tiene un excelente credibilidad entre la mayoría de los habitantes.
Después, con el relajo de la panza llena y la risa fácil proporcionada por los caldos ingeridos pasamos al reparto de los regalos de Papa Noel: Aquí los chicos se volvieron "locos": Daniela y Jorge no daban abasto a abrir regalos, a querer probarlo todo, a querer jugar con todo y a mirarlo todo, incluso lo que les tocaba a los adultos. Este año ha sido más breve el proceso, al contar como colaborador con "un amigo invisible", que se ha encargado de que los mayores tuviesen un regalo cada uno, no como otros años que teníamos cuatro o cinco.
De canguros...
Una vez finalizada la comida (las seis de la tarde), cada cual buscó su espacio para hacer un breve descanso y dejar el cuerpo solo a merced de la digestión de todo lo ingerido, excepto Mónica y Manel que tenían compromiso el día siguiente en Sabadell y tuvieron que salir para ir a dormir a su casa y cumplir así con sus obligaciones familiares.
Como que las temperaturas eran rozando los cero grados, decidimos que mantendríamos el fuego del hogar en marcha, gracias a la cantidad de leña, que Martín había traído el día anterior, y a medida que fueron pasando las horas y la digestión estaba hecha, algunos de los comensales, no todos, decidimos acabar de pasar por la brasas lo que al mediodía no habíamos hecho, y a modo de cena dimos cuenta de todo ello. Fin de la bacanal gastronómica y "cada mochuelo a dormir a su olivo".
El día siguiente amaneció con menos niebla y poco a poco dejo paso al sol: La verdad es que no madrugamos mucho y tras un breve desayuno fuimos a cumplir con la obligaciones familiares que supone ir al pueblo, que son ni más ni menos que ir a saludar o visitar a todos los parientes y amigos que viven habitualmente allí. Como no se celebra San Esteban en estos lares pudimos dedicar el día a "desengrasar" lo de la jornada anterior a base verduras, ensaladas y algo de pollo a la plancha.
Otro día y otra historieta: Esta vez nos quedamos con Pili de canguros de los hijos de Mireia y Miguel, a la postre "sobrinos-nietos" nuestros. Así que nos dedicamos a ellos, a llevarlos a jugar al despacho de su abuelo, a nuestra casa a volver a manejar una vez más todos los juguetes que no sé bien por qué, guardamos de nuestros hijos. Bueno en momentos como este parece que si tienen una razón de ser. Comimos juntos como cada día y después de una ligera siesta, vuelta a pasear con ellos hasta que se hizo prácticamente de noche y regresamos a casa.
En el parque de Huesca
He de advertir que esta jornada tan particular obedecía a que sus padres habían ido a buscar la flamante "motor-home"  que hace poco habían comprado y que iba a ser su alojamiento en los próximos días de vacaciones en otros territorios playeros. También he de añadir que yo fui a llevar a Barbastro a Izarbe y Carlos a que pasasen el día haciendo turismo, en esa ciudad, cuna del vino del Somontano y lugar de los esponsales de Doña Petronila y el Conde Berenguer (adecuado en las fechas que vivimos...)
La última jornada de las vacaciones navideñas en el pueblo la cerramos con una pequeña salida a Huesca capital, cosa que solemos hacer cada año y aprovechamos para dar una vuelta por el lugar donde yo pasé parte de la infancia-adolescencia, y comer en algún restaurante de los recomendados por los nativos. En esta ocasión se apuntaron a la "aventura" Izarbe y Carlos, así que sin madrugar mucho emprendimos el camino, no es mucho, llegamos a la "City" y a pasear bajo una lluvia, que si no era abundante era fría, aún sin llegar a ser agua-nieve. Lo cierto es que nos dejó algún respiro y así pudimos hacer el paseo programado.
En el restaurante
Aprovechamos para hacer alguna foto en uno de los monumentos emblemáticos de Huesca: las pajaritas del parque de Miguel Servet y recordar, o mejor dicho a explicarles yo, lo que había cambiado de cerca del parque, la desaparecida estación de autobuses donde partían y llegaban las conexiones con Zaragoza básicamente. Otro edificio que fue clínica quirúrgica de un célebre médico oscense y un local ahora vacío, conocido como "la casa de las novelas" en mi época de estudiante.
Cerramos el paseo con una comida con Mery, que nos sugirió un restaurante próximo a su consultorio (L'Alifara) y que a ella le venía bien para comer sin tener que desplazarse mucho y poder por la tarde cumplir con sus obligaciones laborales.
Después de la comida y teniendo en cuenta lo rápido que cae la noche y la probabilidad de tener niebla, enfilamos en el coche hacia Villanueva, tomamos una cervecita y tras una frugal cena a descansar que mañana tenemos la intención de después de desayunar volver a casa a Terrassa y poder hacer las compras que nos tocan para la cena de nochevieja en "La Bodeguilla", de la que también escribiremos algún día en este blog.
Bueno lo dicho: Feliz Año Nuevo, esta vez sin interrogante.

martes, 21 de noviembre de 2017

Ahora, toca mili y golpes

Con la actualidad política del momento, en que los periódicos vienen llenos de expresiones muy diversas y reiterativas de "golpe de estado", que utilizan todas las partes para acusarse unas a otras, me viene a la cabeza la necesidad que tengo de contar mi visión particular de lo que se llamó tambien golpe de estado del 23 de febrero de 1981, que me pilló en "plena mili".
Pues bien, después de agotar casi todas las prórrogas por estudios que en aquellos momentos se podían hacer para retrasar el ingreso en el ejército, pensando año tras año que se iba a derogar la ley de servicio militar obligatorio, fui a dar con mis huesos, tras sorteo puro a León. Concretamente a El Ferral del Bernesga, donde hacía un frío tan terrible que te contaban el primer día de llegada, que hasta había muerto un canario. En teoría por lo poco acostumbrados que estaban al clima tan extremo. A los pocos días ya descubrías que el tal "canario" era un pajarillo que tenía el coronel en una jaula, y una noche se lo olvido en la ventana a la intemperie...
Allí las cosas eran simples:  Una, obedecer a todo lo que te dijeran sin ningún cuestionamiento. A mi el primero que me surgió fue al ir a comer: justo antes de ponerse en fila para el rancho, te dejaban unos minutos para ir a los dormitorios. Para lavarse las manos, pensé. Ni idea: los lavabos estaban cerrados y lo que había que hacer era limpiarse la botas...! Otra, ir corriendo a todos los sitios para luego no hacer nada...!
Plaza Mayor. Salamanca
La verdad es que a los pocos días (dos o tres), por razones profesionales, me encargaron la tarea de llevar al botiquín a todos los soldados lesionados o enfermos: obviamente debido a que en la Facultad de Medicina lo que mejor enseñan es a poner en fila a un grupo de soldados y llevarlos a la enfermería a paso rápido, como no, para que los pueda visitar el oficial médico y decidir si van o no van a las tareas de instrucción...!
Total, que me vino bien, me libré de toda la instrucción militar y de los rigores del tiempo de los meses de noviembre y diciembre en aquel lugar tan gélido. Luego como no sabía ni desfilar ni llevar un fusil en condiciones acabé también librandome de la ceremonia de la jura de bandera, que realicé con todos los "tullidos" del cuartel en la enfermería.
Fui destinado una vez concluido el periodo de instrucción a Salamanca, a la Plana Mayor de una Unidad Ligera de Intervencion Inmediata, RCLAC Santiago Número 1, creo recordar, instalada en el cuartel "El Charro". En principio no me pareció mal, la ciudad era magnífica por historia y por presente y pensé que a pesar de tener que pasar un año de "servicio" Salamanca no era el peor de los escenarios. La verdad es que con el tiempo y las veces que he vuelto el destino era excelente, si quitamos la mili.
En aquella época estaba de moda el llamado "ruido de sables", que no era otra cosa que las conspiraciones más o menos elaboradas con que las altas esferas del ejército "jugaban" casi a diario. Y un buen día, un 23 de febrero a alguien se le ocurrió saltarse a la torera todas las normas, pisotear el parlamento como un elefante en una cacharrería y establecer una nueva legalidad... La historia general es de sobras conocida: secuestro, desorganización, rendición, detención, restablecimiento del orden que estaba establecido, elecciones, juicio posterior y al que le toque a "la trena". Lo que a mi me apetece explicar no es esta historia, sino la mía personal y la de algunos amigos y conocidos que coincidimos en la misma, aportando mi visión, que es posible que sea sesgada pero al menos con cierta crítica que es la que dan los años transcurridos.
Pues bien, ese día, mis amigos y yo salimos como cada día a pasar la tarde en el piso que teníamos alquilado en plena Plaza Mayor, un lujo de duplex de 7 habitaciones. Eramos 20 personas pero nunca coincidimos todas juntas. De hecho ese día solo salimos tres.
A mí, me tocaba ir a comprar algo de cena, y cuando llegué a la tienda habitual, la dependienta y dueña me soltó de sopetón, sin anestesia: -¿Cómo es que os han dejado salir hoy del cuartel, habiendo un golpe de estado? El acontecimiento había pasado exactamente en el tiempo que había desde el cuartel al piso. Yo le contesté con cierto tono de broma: -Pues nos han dejado salir porque no hay ningún golpe, mujer. Cogí la compra y me fuí a casa a preparar la cena.
Cuartel "El Charro"
Al llegar les dije a mis colegas: La tendera se ha vuelto loca, dice que hay un golpe de estado. Uno de ellos me contestó: Tú crees que si hubiese un golpe, no lo dirían por la radio. Le respondi: Tienes razón, pero no la tenemos puesta. Se fue a por la radio, y sonaba música militar y de pronto se oyó la voz de una persona dando instrucciones y explicando la situación.
Ya no hicimos ni la cena, ni salimos a dar la vuelta que habitualmente hacíamos por la tarde/noche antes de volver al cuartel. La tarde se pasó en un suspiro en el que solo debatíamos si volver al cuartel o fugarnos a Portugal, relativamente cerca de donde estábamos.
Para bien o para mal, decidimos quedarnos y volver al cuartel. Posiblemente fuimos los últimos en llegar y ya a la entrada se veía la magnitud de lo ocurrido: en el lugar de guardia donde habitualmente había un soldado para su cobertura, eran cuatro y armados hasta los dientes. A grito pelado, el oficial de guardia nos envió a toda prisa a recoger armamento y a cambiarnos de ropa, en ese orden.
Llegamos al cabo armero y oh! sorpresa!, se le habían acabado los fusiles, que es el arma que nos correspondía por nuestro grado, soldados rasos. Así que nos encajo una pistola a cada uno y como tampoco le quedaban balas nos repartió las últimas. Siete para cada uno, menos de las que cabían en un cargador. Yo como no tenía experiencia con el armamento, decidí no ponerlas en el cargador y me las puse en el bolsillo, no fuera a ser que se me disparase el arma y me diese en un pie. Así pasé todo el tiempo que duró la "emergencia mlitar": con la pistola descargada y las balas en el bolsillo.
Alguna otra historia relativa a lo preparado que nuestro ejército estaba para entrar en acción es la de los carros de combate. Solo cuatro de los veintidós que disponía la unidad, que era de intervención inmediata, se pusieron en marcha en condiciones de uso, dejando a los mecánicos toda la noche trabajando en un imposible: poner en marcha los restantes.
Lo que sí se puso en marcha fueron los camiones y "landrovers", que pasaron toda la noche en el patio del cuartel sin apenas parar, por si se hacía necesario salir con urgencia a la calle. El ruido y el olor a gasolina eran insufribles. Supongo que algún vecino de cuartel no pego ojo en toda la noche. Por suerte ni los unos ni los otros tuvieron que salir...
No obstante aquella noche se hizo muy larga. A mí, me requirió un sargento, joven y exaltado y junto con un conductor, veterinario él, nos dirigimos con una larga lista de direcciones en una carpeta a la central de Correos y Telégrafos de Salamanca, en la que entramos, más el sargento que yo, a grito pelado diciendo que debía ponerse a nuestro servicio un telegrafista experimentado. El veterinario se quedo vigilando el coche en la calle, donde por cierto hacía bastante frío.
La verdad es que tuve la sensación de estar tomando una plaza o un objetivo militar y creo que el sargento no solo esta sino también la certeza.
Un día de maniobras
Apareció con una cierta cara de susto, una persona, a mi parecer cercana a la jubilación que nos puso los pies en la tierra y nos desmontó toda nuestra hazaña bélica de conquista. Se dirigió a nosotros con una educación exquisita y nos dijo: El único telegrafista que hay en la oficina, soy yo y además el único empleado que está de guardia, o dicho de otra manera, solo ustedes dos y yo estamos aquí en este momento. Si quieren poner algún telegrama lo pueden hacer, pero yo en poca cosa más les podré ayudar.
El sargento bastante desinflado y yo francamente aliviado asentimos con la cabeza y empezamos a sacar de la carpeta las listas que teníamos. Era tan poco épico como enviar telegramas a todos los mandos y soldados que estaban de permiso para que se reincorporasen a la mayor brevedad, y además sin ninguna oposición que nos obligase a tomar ninguna decisión heroica.
Con el tiempo he pensado como podría haber ido aquella noche, si hubiésemos encontrado alguna resistencia a nuestra misión, y creo que hubiese optado por largarme. No se me ocurre que pudiera tener ningún interés en fastidiarle ni la noche, ni la que yo creía próxima jubilación a una persona que no me había hecho nada...
También a posteriori he mantenido en las reuniones con mis amigos que aquel "golpe" por suerte no salió adelante en parte porque el interés de la tropa y de una parte de los mandos intermedios no tenía muchas ganas de volver a escenarios previos que habían tardado mucho en superarse. Tampoco los medios materiales estaban en su mejor momento para muchas aventuras.
Todo y que había una parte de estos mandos y algunos superiores realmente exaltados y emocionados con la idea de volver hacia atrás y si no, dejo a la valoración del lector una anécdota de aquella madrugada, después de volver de Telégrafos.
Nos dirigimos a la cantina de tropa del cuartel a tomar un tentempié. De repente se abrieron las puertas y apareció el coronel del regimiento. Como un resorte saltamos de nuestras sillas y nos pusimos de pie. Nos mando sentar con un gesto de sus manos y gritó en medio del silencio que se había creado con su llegada: "Cantinero!!! Ponme un par de huevos fritos... pero grandes como los de Tejero"
A las pocas semanas del golpe, de capitán para arriba en la escala de mando, la mayoría de ellos fueron trasladados bien no sé a donde, pero abandonaron el cuartel de "El Charro".
En estos días de zozobras nacionales en que todos se acusan de golpistas como decía al principio de la entrada, igual nos iría bien aquella solución: de capitán para arriba todos fuera... unos y otros.
P.D.: Soy un iluso... pero ya lo sé hace años.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Berlín lucky. Parte Segunda

Hoy si que toca madrugar, el viaje hasta Postdam es relativamente largo, ya que hay que coger varios metros y un tren que nos conducirá hasta la ciudad en la que tomamos un autobus que nos deja justamente en el llamado "Puente de los Espías", recientemente popularizado por una producción de Hollywood del mismo nombre.
Desde allí iniciamos el recorrido a pie por un magnifico jardín al lado del río Havel, en el que la gran pericia de Vicente en ciertos menesteres le lleva a descubrir gran cantidad de setas, entre las que destacan los famosos níscalos o rovellons. Tal es la cosecha que dan para una cena a nuestra particular guía Anja, previa explicación de como sacarles el mayor partido gastronómico posible.
Con estas cábalas y conjeturas culinarias, sin dejar de admirar el paisaje y sin dejar de caminar llegamos al Palacio de Cecilienhof, lugar elegido para la celebración de la Conferencia de Postdam entre los líderes de las tres potencias ganadoras de la contienda de la II Guerra Mundial: Estados Unidos, representado por Truman, Inglaterra, por Churchill y la Unión Soviética por Stalin. 
Sala de la Conferencia de Postdam
Lo cierto es que el palacio es bonito, pero la historia se apodera de la arquitectura en este caso y creo que todos estamos más pendientes de ella que de la decoración o estructura del propio palacio. Uno se imagina a los líderes paseando por el jardín o sentados en la mesa de negociaciones, administrando la paz y la nueva era que se abría o quizá de una manera menos lírica, repartiéndose Alemania y el mundo, sin tener demasiado en cuenta a unos (alemanes) y a otros (mundo). Me ha salido el momento crítico, pero no obstante dejo constancia de la misma con la foto de la sala de reuniones, donde se produjo la conferencia.
Sin pérdida de tiempo, que el programa es ajustado, nos dirigimos por caminos de gravilla, rodeados de césped y arbolado y llegamos al siguiente palacio, el de Marmol. A orillas del lago Heiliger See, y construido por Guillermo II, creo, como una residencia de verano, es una muestra más de edificio neoclásico. Para la visita nos dejan unas "zapatillas de ir por casa", grandiosas hasta el punto que las podemos utilizar con los zapatos puestos, y que supongo que usan para hacer brillar los magníficos suelos sin gastar en servicio de limpieza. Mira esta vez es el momento gracioso.
Desde aquí y por una vereda  bordeada a mano derecha por unas casas adosadas que recuerdan las de cualquier barrio inglés, se sale del parque y se llega a la ciudad moderna de Postdam. Una ciudad relativamente pequeña en la que destaca una entrada vigilada por dos torres y un arco entre ellas y una zona denominada el barrio holandés que también recuerda una de las calles de ese país.
Palacio de Sans Souci
Como se acerca la hora en que el azucar en sangre ya está bajo por la caminata de la mañana nos lanzamos a buscar un lugar donde reponerlo. Tras diversos episodios de anarquía en el grupo (ya lo avisé en la entrada anterior), aunque con poco tiempo para lo que esperaba a la tarde, comimos y sin tiempo para la mínima sobremesa, nos lanzamos al programa vespertino: Otro parque/jardín maravilloso y lleno de palacios.
Entramos en el mismo y al frente del paseo observamos el majestuoso palacio de Sense Souci al final de unas espectaculares escalinatas. Teníamos hora programada para la visita y si bien es cierto que quedaba tiempo, no parecía ser el suficiente como para poder ver otro palacio antes de este.
Eso lo digo yo, pero Pancho desenfundó su particular guía y concluyó que era imprescindible la visita del Neues Palais y su Sala de Crustáceos, que se encontraba al final de un magnífico paseo rodeado de árboles y jardines a solo dos kilómetros del incio de la escalinata. Aquí mini-rebelión a bordo (otra vez). Las primas, Elvira y Pili deciden convertir lo imprescindible en accesorio y se quedan en el Sense Souci hasta que sea la hora de entrar.
El resto, inicia una desesperada marcha hacia el Palacio Nuevo, al que llegamos con el aliento entrecortado, y nos adentramos en él no sin dificultades y pudimos admirar la sala que tanto gustaba a Pancho y la parte del palacio que no estaba en obras de restauración. También pudimos ver los magníficos edificios de la Universidad de Postdam y vuelta al palacio en que teníamos hora, a trote cochinero y sin casi poder percatarnos de la belleza del paseo por el que circulábamos.
Llegamos a tiempo, sudados como pollos, y resollando como caballos de carreras. Allí nos esperaban las dos disidentes y juntos pudimos visitar el Sans Souci.
Recobrado el ritmo respiratorio y cardíaco, iniciamos el regreso en transporte público, que por cierto se nos hizo más corto que el de la mañana.
Breve descanso en el hotel y decisión unánime de ir a cenar a Postdamerplatz, símbolo de la modernidad en Berlín. Cómo llegamos al lugar, lo resumo como suelen hacer en los transportes:
Hotel - Metro (seis paradas) - Autobús (siete paradas) - Hotel - Autobús (tres paradas) - Postdamerplatz. Lo que pasa por ponerse a discutir sobre un mapa de transportes urbanos y mirarlo al revés.
Sony Center. Postdamerplatz
Lo cierto es que valía la pena la visita. Un espacio ultramoderno y rompedor con cantidad de zonas de ocio y restauración, que nos permitieron reponer fuerzas y volver a descansar al hotel, no sin antes descubrir que el recorrido del bus de ida y de vuelta no eran iguales, o que a lo peor nos pasamos la parada del hotel sin darnos cuenta.
Hora de levantarse, hoy sin la presión de tener horario concertado hasta las 19:15 horas y por tanto algo más tarde que días anteriores, y si además le sumamos que el desayuno nos lo tomamos con la misma tranquilidad, era casi media mañana cuando salimos del hotel. Pili y yo no habíamos estado todavía en la zona del muro que se conserva como espacio de arte grafitero, los otros cuatro sí, pero con todo se apuntaron a repetir el recorrido.
La verdad es que el muro en esta zona y tan turístico como se ha convertido, no da la impresión de la dureza y de las terribles historias que pasaron en él, y se contempla como una zona más bien lúdica y de expersión artistica que de recuerdo, aunque las temáticas de las pinturas son la mayoría duras y reivindicativas. No pudimos obviar hacernos una foto en el que es posiblemente el grafitti más famoso del mismo. Adjunto una foto para dar constancia
Lo que sí tenía Pancho claro es que había que ir a un mercadillo dominical, famoso por ser frecuentado por todos los berlineses, bueno muchos, en el que había comida, mercado, música y actividades diversas.
Así que, finalizada la visita al muro, mapa de transportes en mano, nos lanzamos a buscar el citado mercadillo. Esta vez, a la primera: Breve viaje en autobús, breve viaje en metro y nos plantamos a 200 metros del mismísimo acontecimiento.
El muro de Berlín
Lo primero que encontramos al entrar al recinto del parque donde se celebra es un puesto de comida en el que a un precio módico te daban una salchicha blanca en un pan de viena y una cerveza. Desde el primer día de llegada íbamos persiguiendo poder tomarnos un bocata así. Pedimos seis y luego los varones del grupo repetimos, uno más para cada uno. Nos damos por comidos.
Lo del café ya cambia, nueva disolución de la sociedad, un servidor y las primas tras un breve paseo por las paradas decidimos ir a tomar café en una terraza un par de calles más arriba y los otros tres, una vez concretada la hora de reencuentro, se fueron a ver actuaciones musicales tumbados en el cesped del parque, como si de un encuentro hippie  de otros tiempos se tratase: no sé si tomaron café y se fumaron alguna cosa. Dicen que no. Y ademas me lo creo.
A la hora indicada reagrupamos la comitiva y volvimos al hotel. Pequeño relax y nuevo autobús para llegar a la cúpula del Reichstag y hacer la visita que teníamos reservada ya desde casa hacía casi 20 días. Más que interesante la arquitectura tan moderna de la misma incrustada en un edificio tan neoclásico: La visita, previo control de seguridad importante (al fin y al cabo estamos en el parlamento), se acompaña de una estupenda audioguía de última generación. Se pone sola en marcha y te explica lo que estas viendo en función de donde estas en cada momento y todo sin tocar un solo botón. Lástima que todas las vistas que desde la cúpula, la guía iba explicando, al ser noche cerrada no se podían apreciar, pero por otra parte la visión nocturna de la ciudad era espectacular. 
La cúpula del Reichstag
Desde la zona más alta de la cúpula se puede apreciar a través de un techo de cristal los mismísimos escaños donde se sientan los parlamentarios del bundestag en las sesiones del mismo.
Hay personas que quieren ver en este detalle la transparencia que han de tener las instituciones que nos gobiernan, ya que esta visita esta disponible para el público en general cuando se celebran los plenos. Yo no me pronuncio al respecto pero me parece que  si solo con un techo de cristal se consigue que los gobiernos sean transparentes, no sé a que estamos esperando para ponerlos en todo el mundo. Es mi momento escéptico del viaje.
Terminada la visita, decidimos ir a cenar al barrio de Nickolai, al parecer el nucleo histórico más antiguo de Berlín. Pasamos por una pequeña iglesia iluminada como la mayoría estos días y finalmente llegamos a una placeta con edificios bajos en el que había una terraza en la que aparcamos nuestro cuerpos, ya algo cansados (los días van pasando y todos tenemos una edad) y nos dipusimos a cenar. Dos cosas interesantes: había una carta en castellano y el clima (Berlin y Octubre) nos premió con una temperatura como para sentarnos al aire libre. Cenamos comida típica berlinesa según rezaba la carta, y obviamente era potente, de manera que nos acercamos a pie a ver los últimos edificios iluminados del viaje, y para acabar de digerirlo todo regresamos paseando al hotel.
Al día siguiente solo nos quedó tiempo a Pili y a mi para hacer un breve paseo matinal por una calle de compras de Berlin, la Friedrichstraβe, coger un taxi y al aeropuerto, donde puntualmente embarcamos hacia Barcelona.
Fin de las operaciones, con la sensación de tener que volver. Hay cosas todavía por ver en Berlin.

domingo, 22 de octubre de 2017

Berlin, lucky. Parte Primera

Magnifica ciudad, increíble  historia, difícil pasado, excelente presente y más que esperanzador futuro. Son las ideas que me vienen  a la cabeza  después de la escapada "lucky"  a Berlin, el pasado puente del Pilar.
Me explico, se trata de una ciudad grande, con una historia en torno a los reyes Guillermos y Federicos, un pasado de división tras la segunda guerra mundial, un presente de trabajo y regeneración  y un futuro en manos de la cantidad de población joven que tiene. Lo de "lucky" viene a cuento de aquel chiste malo de ¿Tu que fumas? y que respondía "Lucky dan" pues bien la escapada es "lucky" salga, o sea anarquía y falta de programación en general, que es lo que agrada en ese país.
Aterrizamos en Berlin a la hora de comer más o menos y habíamos quedado con nuestros amigos (Pancho, Elvira, Modesta y Vicente) que vendrían a buscarnos al aeropuerto, así que por recomendación de nuestros hijos que conocían la ciudad, sugerimos comer todos en un vagón de tren a modo de bar, en el mismo aeropuerto una de las comidas típicas: Currywurts o algo así. Dicho y hecho, apenas llegaron los cuatro pedimos seis de lo mismo y cinco cervezas y un agua y ya casi a las cinco de la tarde nos lanzamos a la conquista de la ciudad, previa compra de un billete de transporte múltiple que nos serviría para todo el viaje.
Hotel Roma iluminado
Tras una compleja ruta de autobuses y metros con transbordos diversos llegamos Gendarmenmark, donde estaba nuestro hotel, además de la catedral alemana, la francesa de los hugonotes y el Konzerthaus. Check-in rápido sin barreras idiomáticas (cinco de las seis personas de recepción hablan castellano), ligero y breve descanso y a cenar.
Pancho había quedado con Anja, una joven, hija de unos amigos suyos, que vive en Berlin y había reservado en uno de los restaurantes recomendados por todas las guías. Total que los varones nos "zampamos" tres codillos de un kilo cada uno y las mujeres, no se bien qué cenaron. Reconozco a mi pesar que pese al litro de cerveza para intentar digerirlo, no pude acabarme el plato. Los otros dos "compis" sí (me hago mayor).
Luego vino el paseo nocturno por algunas de las zonas en que estaba en marcha el festival de edificios iluminados, que tanto había insistido Pancho que teníamos que ver. No se equivocaba, es algo impresionante y dificil de explicar: sobre los monumentos se dibujan todo tipo de escenas, utilizando como fondos el propio edificio también dibujado con luces. Dejo un ejemplo del Hotel Roma en una foto, para poder ver la magnitud de la iluminación, aunque no le hace justicia a lo que es verlo en directo.
Después de tanto espectáculo fuimos a descansar, pues el día siguiente nos esperaban dos tours a pie por la ciudad: "Los imprescindibles de Berlín" por la mañana y "El barrio judío" por la tarde.
El Duomo de Berlin
Madrugar relativo, desayuno en toda regla y nos encaminamos hacia la isla de los museos, en el parque que está justo delante del duomo de Berlin, a la búsqueda de una guía, con un paraguas verde, que le servía de identificación. Por si alguien lo desconoce estas/os guías son castellano-parlantes que se pueden contratar a través de la red y que cobran la voluntad de los "guiados", una vez terminado el recorrido.
Paseamos por la isla de los museos, donde se encuentran los más significativos de la ciudad, destacando sobre todo el de Pergamo, que en la actualidad se encuentra parcialmente cerrado por reformas. Nos explican las principales obras de arte que contiene cada museo y que no referiré, en parte por no hacerlo muy largo y en parte porque no me acuerdo de muchas de ellas. De Nefertiti, sí. La temperatura es agradable y eso hace que las distancias del paseo no se hagan pesadas. Pasamos por diversos memoriales y edificios, la mayoría de ellos de estilo neoclásico. También llegamos a la plaza de la universidad, donde se encuentra la Opera y diversos edificios de interés. Contrasta obviamente la vista de los mismos a plena luz del día con la que tuvimos la noche anterior de los mismos, iluminados en el contexto del festival de luz. Interesante en esta localización ver el monumento o memorial dedicado a la quema de libros en una las muchas noches tristes del nacionalsocialismo.
Memorial judíos
Cerca del Checkpoint Charly, uno de los puntos de interés por la historia de los carros de combate soviéticos y norteamericanos enfrentados en la calle, en uno de los muchos episodios de gran tensión de la guerra fría, paramos a tomar un cafetito y una pasta antes de seguir la segunda parte de la visita. Lo que son las cosas, allí conocí a un amigo de un amigo y primo mío de Albalatillo, justo encima de las baldosas que en el suelo recuerdan por donde discurría el muro: el mundo es un pañuelo, etc, etc...
Nos acercamos al memorial de los judíos fallecidos en el holocausto. Se trata de unos miles, no recuerdo cuantos, de bloques de hormigón de distintas alturas que dejan entre sí, estrechos pasillos por los que se puede pasear y que invitan a un cierto recogimiento, pese a estar en medio de la ciudad. La verdad es que produce una cierta impresión y la gente en general lo visita con respeto y silencio, aunque parece ser que no siempre fue así, pues hasta que la administración se hizo cargo de su vigilancia y cuidado se había utilizado como zona de fotos de moda, de diversión y algo de jolgorio. Conocido lo que representa, mejor como está ahora.
Siguiendo con la visita y tras unos pocos metros de camino llegamos, posiblemente al mayor icono de la ciudad de Berlín: La puerta de Brandemburgo. Nos hicimos todas las fotos de rigor, solo la puerta, con nosotros, separados, por parejas, en grupos, etc...
La Puerta de Brandemburgo
Desde allí, lugar en el que terminaba la mañana de visitas nos subimos a un autobús, que nos llevó a Alexanderplatz, nudo de comunicaciones de la ciudad, presidida por el "pirulí" de la televisión y una plaza "dura" de innumerables comercios y lugares de comida. Decidimos hacer el tentempie del mediodía y gracias a nuestra versatilidad lingüística, pedimos lo que queríamos comer, nos sirvieron lo que entendieron, que no tenía casi nada que ver con lo que habíamos pedido, pero tras diversas negociaciones llegamos al entente de comernos lo que nos dieron: más o menos comimos todos parecido a lo que queríamos, acompañados eso sí con un ejército de pájaros que si te descuidabas se te llevaban la comida. Hasta nos regalaron un yogurt, que hizo la misma ruta que nosotros durante dos días.
Lo del cafe, ya es otro cantar, ante el escaso acierto idiomático de los varones en la comida, Elvira decidió coger el toro por los cuernos y encargarse ella misma del pedido del café. El corto era de un cuarto de litro aproximadamente y los cafés con leche ni os cuento: parecían palanganas. Nos costó tanto consumirlos que casi llegamos tarde al tour vespertino.
Cuando ya casi estaban a punto de salir hacia el barrio judío llegamos los seis apresuradamente, pues no sé si el autobús no tenía parada donde creíamos o en su caso no la solicitamos, lo cierto es que quedamos bastante alejados de donde pensábamos que los haríamos. Bueno, una premonición de lo que nos pasaría en días sucesivos.
El paseo por el barrio judío es un sin parar de historias y de monumentos, grandes y pequeños que recuerdan la azarosa vida de este grupo de población en el Berlín de preguerra, en el que se puede apreciar, entre otras muchas cosas, el poderío económico e intelectual que tenían así como la feroz persecución y acoso a que fueron sometidos antes de ser deportados a los campos "de trabajo". Las historias se amontonan, unas durísimas, otras algo menos y alguna también encomiable de gentes que intentaron evitar la tragedia.
Patio del barrio judío
También pudimos apreciar o mejor dicho no apreciar lo que fue el búnker donde pasó los últimos días de vida el dictador y su plana mayor, ya que en la actualidad se trata de un parking al aire libre sin ninguna referencia gráfica a la historia del mismo. Parece ser que es una estrategia de las autoridades alemanas a fin de evitar lugares de peregrinación de seguidores de sus ideas en la actualidad, que desafortunadamente, y ya que vamos con algunos gallegos en el grupo, "haberlos, haylos".
Este blog pretende ser más festivo y divertido que estos últimos párrafos, pero en Berlin, aun hoy es difícil desprenderse de la historia tan reciente todavía. Sirva este recuerdo para lo que dicen los que saben "no lo olvidemos, para no repetirlo"
Una de las zonas que más me gusto del barrio judío fueron los patios interiores de manzana, destinados en su momento a albergar en pequeños apartamentos a gente trabajadora para proporcionarles una vivienda digna. Hoy, una vez restaurados la mayor parte de ellos son pequeños  apartamentos de lujo, obviamente no al alcance la clase menos favorecida.
Punto y final al tour de la tarde. Vuelta al Hotel a un pequeño y merecido descanso antes de salir a la búsqueda de un lugar donde reponer fuerzas. A fin de no caer en los errores lingüísticos de la mañana nos dejamos recomendar por los empleados del hotel un restaurante/pizzeria italiano que además esta a dos calles. Cenamos variado, unos verduras, otros pasta, otros pizza.
A dormir que mañana tenemos que madrugar para salir temprano hacia Postdam.

Verano inacabable (de calor) 2026.

Pues este verano comenzó en Huesca, en el Hotel Abba para más referencias, y se trataba de un festejo-encuentro de l@s alumn@s del curso de ...