lunes, 30 de enero de 2017

Tenerife I

Con un año exacto de retraso nos ponemos en marcha para celebrar el cumpleaños de Martín. Es tanto así que celebramos dos, los 60 y los 61. Y de paso el no sé cuantos aniversario de boda... Los protagonistas una vez dicen 36 y otra 17 ???. Pili y yo nos unimos a la celebración como siempre que podemos.
El tiempo en la península amenaza con ola de frío polar, antiguamente invierno, y la idea de las Islas Canarias parece buena, climáticamente hablando. Luego descubriremos a lo largo del viaje que es mucho más que clima y por supuesto mucho más que playa.
El madrugón para volar es considerable: a las 4:30 horas suena el despertador, y con el tiempo justo de tomar un café en casa, llegar al aeropuerto, toda la parafernalia del embarque y las horas de vuelo pertinentes llegamos a Tenerife Norte a las 10:00. No pensaba que estaba tan lejos... menos mal que el reloj del teléfono móvil se pone en hora automáticamente y son las 9:00. Un alivio, no estaba tan lejos...
Recogido el coche con el que movernos por la isla nos dirigimos a San Cristobal de La Laguna, preciosa ciudad de estilo colonial, donde tomamos primer contacto con el gremio de hostelería canario, que ya nos acompañaría durante todo el viaje. Bocata frugal y paseo por el centro, de calles peatonales y donde se encuentra la plaza de la iglesia, que pudimos ver por dentro ya que no era hora de culto.
De allí directamente a la zona del Sauzal, a las bodegas Monje, donde teníamos reservada una visita y una cata de vinos. En primer lugar probamos unos vinos acompañados con alguna de las tapas típicas de la zona. La verdad es que se trata de vinos, un poco distintos a los que estoy acostumbrado, pero interesantes, aunque me comunican que no los comercializan en la península. Luego la visita a la bodega, sin sorpresas especiales.
Bodegas y Viñedos Monje. El Sauzal
Lo cierto es que la hora de diferencia se nota y alarga la mañana de forma considerable, de manera que decidimos ir al hotel que será nuestra casa durante estos días, y llevar a cabo toda la intendencia que nos permitirá una cierta comodidad el resto del viaje: "check-in", parking, localización, servicios, etc. Comida rápida en una tasca frente al hotel, ligera siesta reparadora del madrugón y paseo por la ciudad de Santa Cruz, también para tomar contacto con la misma y orientarnos para días venideros.
Por la noche cenamos en la terraza (con el temporal de frío que tienen en la península)  y aprovechamos para celebrar el 61 cumpleaños de Martín, que es este mismo día. Despedida y cierre, o sea a descansar y mañana nuevas experiencias.
Día 2.: Desayuno en el hotel como si se fuese a acabar el mundo y salida para visitar el Parque Nacional de las Cañadas del Teide. Nada más coger la salida de la autovía Tenerife Norte en la dirección de nuestro destino aparecen unos nubarrones que no auguran nada bueno climáticamente hablando, pero como somos de Los Monegros y consideramos la lluvia como buen tiempo, seguimos la ruta. Lo que ya no consideramos tan bueno es la espesa niebla que se forma en un instante y que complica la subida y entendemos que también la visita.
Acantilados "Los Gigantes"
Después de unos intercambios de opiniones entre toda la tropa, decidimos desandar el camino y dirigirnos al sur, donde los pronósticos de nuestros teléfonos móviles prometen sol y buenas temperaturas. Dicho y hecho: rumbo a los Gigantes, Las Américas y Los Cristianos.
Las vistas de los acantilados llamados Gigantes, son espectaculares, tanto a pie de playa como desde un cercano mirador en la parte alta del pueblo. Como que además disponemos de sol y buena temperatura la visita es muy agradable.
Luego en Las Américas, ya todo es más convencional, y excepto el color negro de la arena, el resto se puede asimilar a cualquier playa de la península con un cierto desarrollo urbanístico anárquico, con una zona muy comercial, destinada a nuestros visitantes extranjeros, cariñosamente conocidos como "guiris". Los Cristianos, tres cuartos de lo mismo. Reponemos fuerzas en un local entre restaurante y discoteca-bar de copas, con agradable sorpresa en la comida por su calidad y presentación.
Con poco tiempo para más divagaciones partimos hacia Santa Cruz con la intención de hacer una parada en Candelaria. Sin saber como, después de varias equivocaciones en la parte final del trayecto aparecemos en la mismísima plaza del pueblo donde está la iglesia y con un solo hueco de aparcamiento gratuito que parecía estaba esperando a que llegásemos.
Los Menceys, virreyes guanches en Candelaria
Visitamos la iglesia de la Virgen de Candelaria, aprovechando para conocer la leyenda de su aparición en medio del mar y ver la devoción que le profesan sus habitantes y los de los otros municipios ya que es la patrona de la isla.
Comentario aparte merecen los menceys, virreyes guanches, al parecer derrotados por los españoles en las escalas que hacían en la isla cuando iban a conquistar nuevos mundos. En la misma plaza se recuerda a todos ellos, con una escultura de cada uno. La historia de como fueron las cosas en aquella conquista y derribo de los menceyatos guanches no difiere demasiado de la historia de la conquista de otros tierras habitadas por indígenas en otros continentes. Vamos, que hay como casi siempre dos versiones y también como casi siempre cada uno se cree la que le conviene.
Así que después de ampliar provechosamente nuestros conocimientos históricos, y tras visitar un "belén" espectacular enfilamos hacia Santa Cruz (siempre es más fácil salir de los sitios, que llegar) y tras una nueva frugal cena en la tasca de frente al hotel, y un gintónic con un puro en la terraza de la cafetería del mismo, a descansar y mañana más.

jueves, 19 de enero de 2017

El futbol... que ya tardaba en salir

Pues sí, tardaba en salir. Porque he de confesar que soy un futbolero impenitente, que creo que empecé a jugar en serio, a los 18 años en el equipo de la Universidad (Cardenal Xavierre, se llamaba), a la vez que lo hacía en una liga de regional de la federación aragonesa (el Albalatillo CF). De esta manera había semanas que jugaba dos partidos y semanas que jugaba tres. Luego con los años pase del futbol 11 al 7 y finalmente al futbol sala: Ininterrumpidamente un partido a la semana hasta los 50 años, en que una rodilla y mi ácido úrico dijeron basta.
Equipo  del Cardenal Xavierre
Tengo que decir en honor a la verdad, que nunca fui un gran jugador, ya que no pasé de los equipos que refiero. Metía algunos goles, bastantes, tenía un disparo potente, y una cierta rapidez de movimientos. Todo ello en una línea correcta, nada que rozase la excelencia, pero que me ha servido para disfrutar y aprender como va esto del futbol, tras tantos años de ejercicio. Me refiero al futbol que yo he practicado y que difícilmente es exportable al "otro futbol profesional" con el que hoy sigo disfrutando como espectador.
He de decir sin embargo que disfrutar, lo que se dice disfrutar lo hice con el primero, con el segundo me lo paso bien o muy bien cuando gana mi equipo. Con los años me he ido "forofizando" y por diversas razones, algún día las contaré, soy del Barça, gane, empate o pierda...
Así que, con estas premisas, me atrevo a lanzar mi opinión subjetiva como no, sobre algunas de las cosas que voy viendo en este "segundo futbol".
No tendrá otro trabajo que hacer en beneficio del futbol, un comité supuestamente de expertos que abrir un expediente informativo o sancionador o lo que sea, a un jugador que después de un duro partido en que se juega su prestigio y me imagino que también sus dineros, se queja de que no le han pitado un par de penaltis o una falta durísima y que para más agravio ha perdido el encuentro.
A lo peor, como soy culé, alguien ve un intento de justificar a alguien. En absoluto, creo que esas quejas existen desde que el futbol se inventó, y si no, desde que yo lo conozco. Y son en un equipo y en otro, hace 10, hace 20, hace 30 y hace 40 años que es hasta donde yo llego. Siempre ha pasado lo mismo y nunca se le ha dado la más mínima importancia.
Albalatillo CF después de un partido
Hoy en día se le da. Interesa? Supongo que sí. A quién? Pues eso ya no lo sé. A mí relativamente, aunque me da pie para poder hacer esta entrada, pero dudo que ese sea el motivo por el que se le da trascendencia. Un profesor de latín que tuve en mi época de bachiller, me decía que cuando podías responder a la pregunta "¿quién se beneficia?" (qui prodest?), estabas muy cerca de la verdad..., pero que no hiciésemos mucho caso porque verdades había más de una y más de dos.
Total, que mi verdad, igual surgida de mi desconocimiento de un fenómeno como el futbol espectáculo, es que creo que sería más interesante que los comités, sean de árbitros, sean de directivos, o sean de jugadores, utilizaran toda la tecnología disponible en aras de que todo ello fuese más justo. Es decir que habría que ayudar a los jueces árbitros a poder rectificar (es de sabios,no?) en decisiones que se hayan equivocado. A los jugadores a ser un poquito más honestos con las reglas de juego, que con las edades que tienen les iría muy bien. A los directivos a sentirse útiles por el progreso que supondría en la evolución del ¿juego?.
No soy tan ingenuo para pensar que esto arreglaría todos los problemas que se derivan del juego y seguro que esta apreciación es inocente y hasta ilusa, pero prefiero como consumidor de futbol ver unos segundos a un arbitro mirando una pantalla que repartiendo tarjetas de diversos colores a todos los que se le acercan a hacerle una objeción o decirle lo que piensan de tal o cual jugada.
Y también prefiero que le salgan los colores a algunos futbolistas después de ver algunas jugadas a verlos haciendo aspavientos como si les hubiesen disparado un tiro desde la grada y caído fulminados como en los mejores westerns del cine. Y lo que también me gustaría es escuchar a algunos directivos comiendose sus palabras de poderío, de victimismo y de perplejidad al ver la realidad de las cosas: lo frágil que es el éxito, de lo poco que sirve quejarse y la inutilidad de hacerse el loco.
De todas maneras, lo que más deseo sigue siendo ver jugadas maravillosas, esas técnicas de introducción de elementos esféricos de propulsión externa y dirección aleatoria hacia estructuras rectangulares huecas, insertadas en superficies diversas a nivel de suelo (goles de falta), y esa boca abierta que se me queda cuando veo a alguien que convierte con el balón lo imposible en fácil y los sueños en realidad.

domingo, 1 de enero de 2017

La memoria y la nostalgia

Los que me conocen ya saben que cuando encuentro una frase breve y sencilla, en general procedente de un gran autor al que difícilmente cito por falta de memoria,  y que es capaz de sintetizar sin dejar dudas una idea más compleja y más larga, acabo aburriéndolos de las veces que puedo llegar a repetirla. Pues de eso se trata en esta entrada: "hay que tener memoria y no nostalgia".
Hace algunos días intentaba explicar el origen del nombre del blog, y se me ocurrió que para documentar con imágenes el invento buscaría fotos antiguas del Seminario de Huesca. Lo hice y para mi sorpresa la búsqueda me llevó a contactar con un amigo que había estado conmigo hace la friolera de como poco 45 años.
La antigua Facultad de Medicina de Zaragoza
Ni que decir tiene que la memoria, a veces olvidadiza de tiempos que parecen muy lejanos, estimulada por la emoción del contacto, disparó sobre mi cabeza un alud de recuerdos y de imágenes de los años 1967 a 1971, que fue el tiempo que coincidimos juntos en el Seminario: los otros compañeros, alguno que ya nos dejó..., el rector, los profesores, los juegos, la disciplina, la familia, las risas, etc. etc.
Con este estado de las cosas no nos costó mucho concretar una fecha en estos días de Navidad para vernos y comer juntos en Zaragoza que es donde actualmente reside mi amigo. Yo pasaría los días festivos con mi familia en Villanueva de Sigena (Huesca) y hacer una escapada sería realmente sencillo.
Así que el miércoles 28 de diciembre fue el día elegido y nos dirigimos a Zaragoza con una niebla que llevaba castigando a la zona más de un mes. Llegamos al punto donde habíamos quedado y la verdad es que no nos costó nada reconocernos y darnos un abrazo casi con la misma sensación del ilustre profesor que después de años retornó a la cátedra y dijo a sus alumnos: "...decíamos ayer..." En el fácil reconocimiento han sido de gran ayuda nuestras respectivas fotos del perfil del blog.
Paseo breve por las paradas navideñas de la plaza del Pilar, hasta llegar a una céntrica cafetería de la calle Alfonso en la que hacemos hora hasta que la esposa de Antonio salga de trabajar y podamos ir a comer. Pili nos deja solos, con la excusa de ir a mirar unos escaparates ya que la calle es la más comercial de toda la ciudad.
Así que al abrigo de un cortado y un café con leche, empezamos a recordar los tiempos pasados en el seminario. Las versiones de uno y otro difieren relativamente poco, con lo que apreciamos que nuestra memoria "remota", para bien o para mal sigue funcionando correctamente. Las cosas que más recupera nuestra memoria son los buenos momentos, o al menos eso parecen ahora, porque la verdad es que tener que esconderse las croquetas en el bolsillo de la camisa porque no te gustan, o por el mismo motivo vaciar las lentejas en el cajón que cada uno teníamos en nuestra mesa del comedor, hoy es simpático y casi una travesura. En aquella época te jugabas un tortazo en toda regla, que ciertamente pudimos probar en algún momento de nuestra estancia.
El recuerdo de los compañeros también es coincidente, los serios, los del TDAH a quienes hacía referencia en una entrada anterior, los graciosos, los líderes, los que se fueron..., y la curiosidad nacida en ese momento de saber que será de todos aquellos chavales que vivíamos juntos 24 horas al día, casi 300 días al año (solo teníamos vacaciones en semana santa, navidad y el verano; los fines de semana no estaban inventados aún). Desde aquí animo a contactar conmigo a cualquiera que pasase por el seminario en aquellos años. Solo por el placer de volverse a saludar.
Antonio y yo con Servet
Una vez agotado el tiempo de charla que pasó en un suspiro fuimos a buscar a Carmen, la mujer de Antonio, a la salida de su trabajo, que había reservado una mesa para el mediodía. Una maravillosa sorpresa la que nos depararon para comer: habían buscado un restaurante que estaba en el edificio que albergó en su momento la antigua facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza, donde yo había pasado los dos primeros cursos en la época de estudiante de medicina. Comimos con vistas a la entrada del antiguo Hospital Clínico, en la misma zona que estaba la cátedra de Anatomía y el aula de Histología donde pasé tantas horas.
Allí la conversación dio un salto de 45 años y empezamos a hablar de qué hacemos ahora, donde estamos, nuestros hijos, la jubilación como no. O sea presente y futuro. Por fortuna también de manera unánime decidimos que estamos bien, que nuestro momento personal, achaques a parte, es el que toca, con una familia y unos amigos que queremos y nos quieren, y con unas expectativas razonablemente optimistas de lo que haremos los próximos años, si las fuerzas del destino así lo tienen a bien.
Después de la buena comida (migas de pastor y cazón, comí yo) nos dirigimos paseando a casa de mis amigos, conocimos a sus dos hijas y "un gato" (algún día contaré porque va entre comillas), una familia encantadora y acogedora, con la sensación una vez más que no han pasado 45 años.
Nos despedimos, no sin antes prometernos que nos veríamos en breve, ya que un espacio de tanto tiempo otra vez es inviable por razones estrictamente biológicas, y emprendimos el viaje de regreso a Villanueva con la misma niebla que vinimos, quizá un poco más espesa...
Como decía al principio, creo que se cumple adecuadamente la premisa que inicia esta entrada: Hay que tener memoria (la tuvimos...), pero no nostalgia (estamos bien y cualquier tiempo pasado no fue mejor, como mucho distinto).
P.D.: Gracias a Antonio, Carmen y sus hijas por una jornada increíble. Espero poder devolvérsela muy pronto.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Sitios reales... II

El día amaneció frío, incluso desde la ventana de nuestra habitación se podían observar las cercanas lomas teñidas de blanco por la nieve que había caído durante la noche. Desayunamos en un precioso patio cubierto dentro del Parador y nos lanzamos en busca de la Real Fábrica de Cristales, que al  margen de fábrica ejerce a la vez de museo del cristal.
Bóveda en el Horno de la Fábrica de Cristales
Las adecuadas recomendaciones de la persona de recepción nos indican el horario en que los artesanos del vidrio paran a desayunar a fin de que podamos organizarnos la visita sin coincidir en la zona de trabajo con el horario del bocadillo. Es tanto nuestro interés que empezamos la visita antes de que enciendan las luces de las salas y hasta nos encontramos con un grupo de trabajadoras que nos preguntan de donde hemos salido y por donde hemos entrado.
Una vez en marcha la fábrica-museo, disfrutamos de las maravillas en vidrio que allí tienen y de la visión en directo de la actividad de los sopladores y sopladoras de cristal, así como de la habilidad en una especie de torno, para configurar las copas que en aquel momento están realizando. Luego pasamos por la tienda exposición y pese a las tentaciones decidimos no comprar nada. Con lo que nos queda de viaje, corría el peligro de no llegar integro a casa.
Dejamos la Granja y de nuevo a la carretera en dirección a Tordesillas, acompañados como no, con viento, nubes, agua y algunos claros. No podremos quejarnos de la diversidad de tiempo que hemos tenido estos días, más no se puede pedir.
Plaza Mayor de Tordesillas
A la llegada a la ciudad del Tratado, el cielo está bien cubierto con unas nubes grises que le dan un aspecto casi encantado. Nos instalamos en el Parador, una hacienda o casa señorial en el campo, a algo menos de un kilómetro del puente romano del río Duero, que da acceso a la ciudad.
Sea por la sensación de frío, aunque el termómetro marque más grados que en La Granja, por la amenaza de lluvia, o por un poco de pereza, decidimos ir al centro en coche, aparcando eso sí, en la parte alta del pueblo y desde allí empezar la visita.
Primero paseo por la arteria principal del centro histórico, que desemboca en una plaza porticada, que pese a no ser tan impactante como la de Chinchón, también tiene un encanto especial. Está "decorada" con varias pancartas relativas a la reivindicación que una parte de la población mantiene acerca de una "fiesta taurina", que ha alcanzado relieve nacional y pienso que hasta internacional.
Las Casas de Tratado
Continuando por la calle central se llega al puente del que ya he hecho referencia y según se mira al mismo a nuestra izquierda esta el convento de Santa Clara y a nuestra derecha las Casas del Tratado.
Reponemos fuerzas en La Lonja, un restaurante del todo recomendable en la parte alta del pueblo, donde sorprenden los pescados de mar, pese a la distancia de este.
La tarde la dedicamos a ver el convento de Santa Clara, excelente complejo que consta de diversos edificios y patios, al que solo podemos poner una pega, y es a modo de aviso a posibles visitantes que lean estas líneas; los horarios de las visitas guiadas son muy espaciados y hay pocas horas disponibles. Igual en épocas de temporada alta de turismo hay más disponibilidad. Dicho queda.
Desde allí nos dirigimos a las Casas del Tratado, que tienen frente a ellas una estatua en honor a una reina llamada Juana, hija de los reyes Católicos y si hemos de hacer caso a la historia con la cabeza necesitada de una adecuada puesta a punto.
Las casas convertidas en museo, biblioteca y salas de exposiciones, recrean con mapas y con diversas imágenes, la historia del Tratado de Tordesillas, en el que al parecer portugueses y españoles se repartieron el nuevo mundo que iban descubriendo, tanto Colón por parte española, como otros navegantes por parte portuguesa.
Resumiendo, trazaron una línea ficticia, hoy sería virtual, en torno a un meridiano del que no recuerdo el número, de manera que todo lo que se descubriese hacia oriente sería luso y todo lo que se descubriese hacia occidente sería hispánico. El rey de España, o quien tocase en ese momento, se reservó las Islas Canarias, pues estas ya estaban descubiertas antes del tratado. Así pues si nos fijamos en un mapa entederemos porque Azores, Madeira, Brasil, tienen las raíces portuguesas y el resto de sudamérica españolas.
Se cuenta, y no sé si coincide con la versión de nuestros vecinos peninsulares, que los españoles sabían que había todo un continente al oeste del meridiano del tratado y los portugueses no, por lo que aceptaron el meridiano que se estableció en el mismo. Vaya usted a saber, que sabían... unos y otros.
Carretera de Soria
Después de esta inmersión histórica, nos dirigimos a descansar, tras un cena frugal, con la intención del día siguiente hacer el camino de vuelta a casa en una sola etapa. Así lo hicimos y así terminó nuestro periplo por los reales sitios, no sin antes acabar de degustar toda la meteorología posible en estos días de temporal. Una granizada y para acabar una nevada en Soria.
Diría para poner un final meteorológico feliz, que llegamos a casa con sol espléndido, pero sería mentira, llegamos de noche. Eso sí, con el cielo despejado.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Sitios reales...I

Tenemos 4 días, Pili y yo, para una escapada de Paradores, llamada  reales sitios. Empieza en Chinchón (Madrid), así que para hacer más corto el camino nos vamos a dormir a Villanueva de Sigena. Nos ahorramos más de 200 Km. de la primera tirada.
Chinchón. Plaza Mayor
Salimos con el presagio de temporal generalizado en toda la península y por una vez los eruditos hombres del tiempo no se equivocan. Nos tomamos el camino con tranquilidad, con el único objetivo de poder llegar a comer a Chinchón. Una vez circunvalada Madrid ponemos dirección hacia la Vega perfectamente guiados por nuestro navegador de a bordo. A pesar de los cielos nublados de color gris oscuro llegamos a Chinchón sin presencia de lluvia. Nada más poner el pie en el empedrado de la entrada al Parador, en sus tiempos un convento de no se quien, empieza la lluvia que ya será nuestra compañera el resto del viaje. Con intervalos nubosos, eso sí.
Claustro del Parador de Chinchón
La primera visión, una vez realizados los trámites del "checkin", es la magnifica plaza Mayor de Chinchón. Recuerda sin duda a la de Almagro, pero circular. Los soportales que la rodean están muy bien cuidados y son de gran ayuda sobre todo en días como este. La pintura dominante el verde y los establecimientos los restaurantes, en los que se puede comer en las balconadas que dan a la plaza. Una fuente preside una de las entradas de la plaza, y casi frente a ella, atravesando la plaza, un magnífico y bien conservado lavadero comunitario. Luego bordeando la plaza por las calles más altas encontramos un fenómeno singular: Una iglesia sin torre y una torre sin iglesia. Parece que se derrumbó, no sé si debido a guerras u otros desastres, una parte de la iglesia y quedó la torre. Así que se decidió hacer la iglesia sin torre en un lugar cercano (prácticos o ahorradores, o las dos cosas). Ahora que lo pienso y debido a no tomar notas en su momento, igual la cosa fue al revés: se cayó la torre e hicieron otra en otro lugar... En cualquier caso se mantiene la singularidad. En una de las zonas mas altas pero en dirección opuesta a la iglesia, y ya casi en la salida del pueblo se encuentra el castillo.
La Granja. Delante del Palacio
Nos habían recomendado comer en cualquier restaurante de la plaza. Elegimos "La Casa del Pregonero" y desde aquí la recomiendo a quien tenga ganas de comer "recio". Potentes sopas de ajo, tapas complejas y de gran elaboración y un rabo de toro presentado en un plato en el que no faltaba la muleta (jamón frito), el burladero (corteza decorada) y el albero (migas).
Después de un merecido descanso y un suculento desayuno en el convento (Parador), última vuelta a la plaza y en ruta a la próxima parada de este periplo: La Granja de San Ildefonso.
Nueva circunvalación a Madrid hasta coger la carretera a Segovia, y unos kilómetros antes de llegar, desvío en dirección a nuestro destino. Durante el corto viaje, una hora y cuarto, hemos tenido de todo: lluvia, viento, nubes y hasta unos minutos de sol... A la llegada al Parador, razonable tregua de la lluvia y aunque con el cielo entre nubes y claros podemos hacer la primera visita programada del día: los jardines versallescos que rodean el palacio, cerrado por ser lunes.
La visita es espectacular, empezando por un gigantesco árbol que nos recibe delante del palacio a mano derecha según se sube por la avenida desde las puertas de hierro que dan acceso al recinto desde la rotonda de entrada al pueblo.
Jardines de La Granja. Una de las fuentes
También a mano derecha se llega a los jardines, más espectaculares si cabe, con una vegetación bien cuidada, con unos colores propios del otoño y esa especie de sensación de humedad que se tiene al poco de haber llovido, caminando sobre una alfombra de hojas mullidas pero mojadas.
Vamos recorriendo los paseos, a cual más bonito y descubriendo las fuentes en las intersecciones de los mismos. Desafortunadamente no están en funcionamiento. Pero ni esa circunstancia es capaz de enturbiar las bellezas escultóricas que las componen.
Después del tranquilo paseo, urge buscar un sitio (real o no) para reponer fuerzas como no podría ser de otra manera con unos Judiones de La Granja.



miércoles, 7 de diciembre de 2016

Algunos datos del Baztán



Algún conocido me ha sugerido que podría ser interesante dar los datos de algunos de los lugares que cito en las entradas del Baztán.
Pues bien, esperando que sean de utilidad para alguien, ahí van:


Comer:

OLARI                                      
C/ Pedro María Hualde, s/n      
Irurita                                        
www.restauranteolari.es          

KASINO LESAKA
Plaza Zaharra, 23
Lesaka
www.kasinolesaka.es

SANTXOTENA
C/ Pedro de Axular, s/n
Elizondo
www.santxotena.es

Dormir:

ZIGAKO ETXEZURIA
C/ Triputxin, 2
Ziga
www.zigacoetxezuria.com

Copas:

JAUREGIARTE
Camino Iparburu, s/n
Irurita
www.jauregiarte.com


lunes, 28 de noviembre de 2016

Donde todo NO empezó...

No es que empezase todo en aquel "Seminario Conciliar de la Santa Cruz" de Huesca, ni en aquel año de 1966 cuando dí con mis huesos en aquel internado, creo que hoy en día es Escuela de Turismo. Lo que tiene su orígen allí es el nombre del blog "Loquens ad muros" o "Hablando a las paredes", como se prefiera.
Pues nada, que me explico. Teníamos en aquel entonces un profesor de latín, clérigo él, que había estado en Venezuela de misionero, con una tribu de indios, "los motilones", que luego se hicieron populares con una canción un pelín irreverente relacionada con Colon y los hermanos Pinzones y ciertos atributos masculinos.
El claustro interior
El profe era ya mayor y a su edad sumaba algunas secuelas de un tipo de enfermedad que padeció durante su época sudamericana, que posteriormente no he podido averiguar de que se trataba. En fin que una cosa u otra, o las dos, le conferían aparte del aire, una realidad palpable de despistado. Total que no se enteraba mucho si sus prolíficas parrafadas en latín llegaban y aprovechaban a un grupo de chavales, la mayoría de extracción rural y con unas ganas de jugar y reirse como en poco sitios he visto.
En este grupo en el que me encontraba, había algunos chicos especialmente fascinados por la televisión, que de hecho en España tenía nuestra misma edad o algo menos. Entre ellos recuerdo a Antonio, Miguel, Mariano, Jesús, Javier, otro Antonio, etc... que eran especialmente movidos, hoy serían probablemente TDAH (bueno todos no).
Así que en un recreo, es decir en solo media hora, decidieron montar en la clase del citado profesor un programa de televisión. Repartieron las tareas: el presentador, los cámaras, el director... y los figurantes que serían todos los alumnos de la clase. Para cámaras habilitaron unas partituras de música, algo más grandes que un folio, que debidamente enrolladas formaban un cilindro perfecto, por el que los "cámaras" miraban y enfocaban "los planos" que creían convenientes o les indicaba el director en cada momento del "programa".
Así empezó el programa o travesura o como queramos llamarle.
-Antonio, enfoca como entra el profesor, decía Miguel, director del invento.
El depósito, vigilante del patio de recreo
-Vean como se duerme en clase Jesús, decía Javier, presentador del programa.
-Atiendan como juegan a los barcos Pablo y Andrés, mientras el profesor habla de sus cosas.
En este tono continuaba el programa, durante la primera "emisión" o programa piloto, dirían ahora.
Así que antes del siguiente, hubo que buscar un nombre al programa, y se decidió a instancias de no sé bien quien de nosotros que el nombre sería en latín porque de latín era la clase... Y la verdad es que vino rodado el nombre "loquens ad muros" o "hablando a las paredes".
El profesor nunca supo de este programa que se realizaba enteramente en su clase. No obstante, supongo que por razones de audiencia, ya en aquellos tiempos, solo duró dos clases más (el capítulo uno y el dos...)
Hoy me queda un agradable recuerdo de aquel profesor que con todas las limitaciones (la suyas y las nuestras)  intentaba hacernos estudiar latín, cosa que siempre he considerado interesante, formativa y aportadora de cultura.

Verano inacabable (de calor) 2026.

Pues este verano comenzó en Huesca, en el Hotel Abba para más referencias, y se trataba de un festejo-encuentro de l@s alumn@s del curso de ...